miércoles, 30 de septiembre de 2009

Luz de luna, dime qué decir.

Luz de luna, ¿qué recuerdas?

Lejano testigo de la última letra
De esta verdad a medias titulada tiempo,
Cuéntame ahora quién omitió el fragmento
En que aprendíamos a caminar derechos,
En oníricas luces al alcance verdadero
Y no en este falso mercado de flagelos,
Donde se compra la lanza, el beso y el recuerdo
Que algunos enmarcan en el cielo o el infierno.
Cada bocanada de miradas que retengo
Solo confirma un horizonte negro:
Una marcha lenta entre espinas y dientes
Bajo la vigilancia de un centinela repugnante (por dentro).
El progreso avanza como el gran bacanal
Que quemó las entrañas de quién, en silencio,
Abrió la tierra y esperó hasta muerto
La dulce melodía que escuchó en un comercial.

Luz de luna, dime qué decir
Para no seguir en este cruel silencio.
Son pocos los que hablan entre tantos muertos,
Son menos los capaces de una espada blandir.
Aprendí a marchar entre nombres disfrazados,
Bebí agua sucia y escuché (por ahí) algún fraude.
La apatía y la indolencia fluyen redundantes.
En el viaje mi reflejo se ha difuminado.
Luz de luna, ilumíname
Inspírame de tierra, de canto, de piel.
No quiero marchar hasta desfallecer
Y que mis hijos, maniatados, marchen también.

Lejano testigo de la última letra
De esta mala talla bautizada historia,
Esta que vende sus cupos desde antiguos días
Y enseña al lector a empuñar la piedra.
Tú, lejano testigo, puerta en el aire,
¿Te cuento un secreto? Quiero revelarme,
No quiero continuar esta marcha inevitable.
Dime qué decir, dime como alcanzarte.