viernes, 30 de octubre de 2009

Viernes, 18:54

Llega la ira cuando el tiempo no avanza. La enfermedad del milenio se palpa, seca, sedienta, añorando los minutos fugaces de una batalla de días atrás, quizás años atrás, intactos en el líquido de los ojos. Cuando se ven extraños signos en el irrespirable aire sólo se quiere ser uno mismo e incinerar la nomenclatura del siglo y de las cenizas levantar un telescopio.
Sé que saldré a dar una vuelta por las Pleyades y volveré para morir una y otra vez, lo sé, como también sé que de las trazas de la memoria deshidratada nacerá el místico papiro que me llevará aún más lejos. Ya llegará la hora y pronto se irá. Frenesí y letargo. Llegará el silencio, ojalá llegue el silencio.