martes, 30 de marzo de 2010

En el pozo

Tengo la sensación de estar volando por el espacio a toda velocidad en vez de estar cayendo. Pero ¿cuánto tiempo llevo cayendo? Ya he perdido completamente la noción de tiempo y espacio. La oscuridad es total, con excepción de esas luces lejanas, estrellas, ojos, no lo sé, da lo mismo, el asunto es que ya no hay diferencia entre tener los ojos abiertos o cerrados. ¿Pero los sueños? Eso es otra cosa. Los sueños se han hecho más reales que la realidad misma de estar flotando en la oscuridad desde quien sabe cuándo. A veces sueño que estoy al borde de este pozo eterno, mirando el último atardecer que he visto, y en el sueño no salto, sólo miro el sol esconderse tras la montaña y la boca oscura del pozo iluminada con los tonos rojizos que toma la roca a esa hora, antes del crepúsculo. Pero despierto sumido en la más profunda oscuridad, en este pozo que parece sin fondo y tan oscuro como silencioso, donde sólo el sonido del viento cortando mi cuerpo interrumpe mis pensamientos. A veces es más fuerte, a veces lo olvido por la costumbre de escucharlo, pero está siempre, recordándome que en cualquier momento llegará el fin de este pozo endemoniado, y tenso mis músculos esperando el azote inminente contra el agua estancada del fondo, o contra la roca, o quizás este pozo lleve directamente al infierno, no lo sé, da lo mismo.

Nunca supe si fue un sueño o no, pero una vez una de esas luces distantes que salpican el fondo oscuro empezó a acercarse, o más bien yo empecé a acercarme a esa luz. Comenzó a verse más grande. Recordé las noches de insomnio de mi infancia en las que contemplaba las constelaciones. Era un recuerdo grato, pero en la medida de que esa luz crecía en apariencia también lo hacía mi miedo, miedo a caer dentro de un sol ardiente al que me acercaba a toda velocidad. Pero no fue así. Pasé por un costado de una masa de plasma blanco que desprendía gigantescos tentáculos luminosos en la oscuridad, sin embargo no iluminaban nada, ni mis manos podía distinguir. Quizás fue un sueño, o fue lo más real que me haya pasado en esta caída eterna, no lo sé, da lo mismo.

A veces juego que voy atravesando el espacio a toda velocidad y que en el momento menos esperado atravesaré la oscuridad para saltar en la luz brillante de un día de diciembre. Entonces me confundo y no entiendo si floto en medio de la nada o si caigo, si estoy despierto o si estoy soñando, si veo luces o las imagino. La lógica me dice que estoy cayendo, pues de un pozo salté, pero en mi mente viajo por el espacio a toda velocidad hacia no se qué parte. Por sobre todo eso prefiero soñar, aunque los sueños se vuelvan en mi contra en forma de demenciales pesadillas, y sueño con el atardecer más majestuoso que haya visto un ser humano, quizás sólo posible en otras galaxias desconocidas, o en latitudes donde nunca estaré, no lo sé, da lo mismo.

Ya no recuerdo por qué salté ni recuerdo mi rostro. Solo tengo la sensación de estar volando por el espacio a toda velocidad en vez de estar cayendo. Pero ¿cuánto tiempo llevo cayendo? No lo sé, da lo mismo, sólo sé que quiero seguir soñando el lugar donde he de caer.

Viento frío

Bienvenido le digo al viento, que con su hoja fría raja la piel ciega de mi calavera e incita a la mocha fresca de las terminaciones nerviosas vírgenes jamás vistas por aire alguno. Bienvenido viento errante, barre la casa de los monstruos y la cuna de la nueva locura, aviva el fuego sin nombre que ha consumido la ciudad imaginaria donde moramos y donde moriremos sin previo aviso. Sopla en la cuenca de mis ojos y escribe un cuento con mis huesos, viento frío de origen desconocido.

jueves, 25 de marzo de 2010

Estatuas sin cabeza y cabezas sin estatuas

¿Que haría si de golpe me encontrara con los ojos
más extraños que la naturaleza haya hecho,
Colosales ojos, ajenos a los andrajosos
Sueños de finos paños y de aleaciones preciosas?
Huiría tal vez, en un destello de ignorancia,
Y me escondería tras las faldas del atardecer,
O eyacularía en un exceso de distorciones
Sobre una mesa servida con visceral demencia.
No hay aguas que traigan en su caudal razón alguna
Para velar el secreto del amanecer austral.
Lección no aprendida es contener el átomo arcano
Embrujado por el feroz reflejo de lo absurdo.
Me ronda como fantasma la cuestión ¿Que haría yo
Si me apuntaran los ojos más extraños del mundo
Y en un conjuro me arrebataran el último sueño
Llevándome al abismo más azúl del firmamento?
No hay sable ni demencia capaz de doblegar un sol,
Sólo queda jadear de cansancio entre los aplausos
De los mil soldados petrificados en tu nombre,
Oh, señor de las preguntas que quedan sin respuesta,
Creador de dioses y de doctrinas superpuestas,
Amortiguador de golpes que no han sido lanzados,
Instigador de la sangrienta cosecha del tiempo
Y comensal de la mesa del verdugo y del león.
¿Malicia de Dios? Pues vayanse a la misma mierda,
Codicia enraizada en los senos de todas las madres,
Virtud pantanosa de escupir sobre nuestros hombros,
Incapaz de evadir la facil mirada del barro.

¿Qué harías si de golpe te dijera en un sueño
Que la naturaleza es el sueño de una alimaña
Que duerme eternamente dentro de los ojos de un Dios
Que pasea por el fuego de una noche futura?
No te engañes, hay quien me cree en mi delirio falaz.
Nunca chocaron entre ellos ni se cuestionaron
por qué no se ve la sangre de las estrellas muertas.
Solo dejaron florecer el musgo en su sótano.
En espirales sin color nos hemos encontrado
Y en libre ritual hemos murmurado el eco antiguo
De las estatuas sin cabeza dejadas bajo sal
Por las desventuradas almas que están en el cielo.

¿Me crees?

Me da absolutamente lo mismo.

lunes, 15 de marzo de 2010

Maleza, catedrales y océanos.

Aferrada está la maleza hacía tiempo
A la médula del ritmo de la vida.
Pasó a ser parte inconsciente de los días
Y callada drena la esencia del hombre.

¿Te has visto arrollado por esa sombra
Que avanza entre la bruma de la rutina
Exigiendo que el universo se cuadre
Con la canción narcótica de los velos?

Pasa con voz grave y te incita a borrar
Las líneas que traes desde tu nacimiento.
¿La has oído en tus pesadillas disfrazadas
O la has leído en las palmas de tus manos?

Eres de ojos buenos, como todos lo fuimos.
Deberías huir a encender un buen fuego
Al lugar cercado de vientos que tienen
Los hombres antes de cerrar la mente

Y calmar el instinto primitivo
Que brota cuando te has lanzado
A las curvas oscuras del camino
Sin la yesca que manejan los sabios.

Si vuelves, debes tener los ojos pétreos,
Porque así lo exigen todos los santos
De las catedrales monetarias del mundo,
Así no ves la sangre que brota de tu andar.

Si vuelves, hazlo cuando te pudra la ira
Y seas capaz de comer la carroña
Apilada en el valle de tus sueños
Sobre el trofeo fulgurante de tu vida.

Si no vuelves se cerrarán los almacenes,
Pero el viento te guiará a las aves
Y las aves a tu propia estrella diurna
Que en secreto te enseñará el ars moriendi.

Eres de ojos buenos, como todos lo fuimos.
Deberías huir a encender un buen fuego,
Porque es muy distinto morir navegando
Que navegar muriendo si has soñado el mar.

Hay demasiado para no dejarse arrastrar,
Desde un sol lejano hasta un agudo sable,
¿Pero de qué sirve tener los ojos brillantes
Si no eres capaz de distinguir tu relieve?

Puedes tragar asquerosamente todo
Lo que se sirva en la costa de tu frente,
Puedes negar las veces que el himno lo permita,
Y matar cuanto enemigo aparezca adelante,

Al final los gritos vacíos se pierden
En la magnificencia de los océanos,
Quizás lo repitan por un tiempo las arañas,
Más nunca serán cantados en los sueños de nadie.

lunes, 8 de marzo de 2010

Cavilaciones respecto al Rock

Pesa la marcha de los ojos dispersos,
Cansa el freno de la orca encallada,
Aburre la forma en que el telar envuelve
El canto que otrora sonaba indemne.
El descenso por la ladera del barranco
Rocoso y afilado ha gastado las cuerdas
Y mis manos se entumecen en el fango
Donde descansan hace rato las palabras,
Miro hacia el recuerdo denso
Que brotaba de la médula antigua
Tan balsámico como el riff decadente
Que no se hizo canción en ni una parte,
Pues fue una línea dibujada a pura voz,
Arte silencioso de murallas altas,
Donde azotamos las ganas de morir
Entrelazando la conciencia en un árbol,
Árbol de frutos de agua desabrida,
Pero cosechados como heridas en la piedra,
A imagen y semejanza de los puntos cardinales
En los que descansa mi guitarra eléctrica.
Mis brazos tantean en la tensa noche
A esa luna perdida que está pariendo canciones
Encerrada en el cielo, transeúnte invisible,
Cansada de derramar nada, yerma, baldía.
No hay oyentes en el círculo luminoso
Donde paso mis horas y mis vidas,
Acopiando relatos de palabras desconocidas,
Códices novedosos ocultos al sol bramante.
Y soy pieza de ajedrez, caballo negro,
Incapaz de escuchar el himno entonado,
Expectante al conjuro que, cavilante,
He delineado sin preguntarle a nadie.
Y así, la encrucijada me espera armada.
Algo de sangre se derramará en la tarde
De los adictos al rock criollo.
Tengo mis armas afiladas desde siempre
Y estoy listo para la batalla,
Pero hay arena en las bisagras oxidadas
Por el viento que trajo el amanecer tardío.
Lo dice más de una canción: Too old to rock and roll.

viernes, 5 de marzo de 2010

Chile fracturado

Chile, fracturado en batalla tectónica,
Limpia sus heridas con ambos brazos rotos.
Tanta mortandad debe responder al canto
Incógnito de una jugarreta cósmica.

No fue el castigo de Jehovases iracundos,
Ni la sabia decisión de una madre verde,
Fue el cambio de ritmo del canto de los mundos,
Incomprendido, nunca escuchado enteramente.

Ni la pichanga de los dioses sobre la nación,
Ni el bostezo de Cthulu en su despertar violento,
Ni cruel guerra la desatada sobre la extensión
Nuestra, bien plantada en el constante epicentro,

Fue el aletazo anunciado del subsuelo
Para remendar el camino lacerante
Que nos llevaría al inminente duelo
Entre los excluidos y los participantes.

Años levantando la de apariencia fuerte
Máscara que en pocos segundos se sublima
En grietas de sangre y de costa indiferente
Para silenciar nuestro arrogante autoestima.

Del tajo de la placa se levantó el rostro
Verdadero, fisurado, muy mal, sin fachada.
Se altera el Status quo, tiembla el dueño del pan.
Es solo un espejismo eso de la prosperidad.

Fluye por las roídas carreteras del sur
El murmullo de la por siempre postergada
Gente, que ahora, despojada de toda luz
Arremete como gran ola por la ensenada.

Y el mar, de un latigazo, se llevó la ilusión
Y dejó semidesnudo al país en pose extraña:
Las piernas anudadas y una mano en el corazón,
La otra hundida, con muertos en vez de uñas,

Barcos clavados en la palma de la mano,
Los ojos sumergidos, las venas trizadas.
¿No es este el momento preciso, mi hermano,
Para enmendar el rumbo de este viaje a la nada?

El mercado ha levantado demasiadas vallas,
Los oídos se taparon al golpe de antes.
La trinchera se ha hundido en la solitaria estrella
Que entre los escombros yace aún inconsciente.

Sacúdete el polvo del desastre perfecto,
Que devastó la tierra y también la máscara.
Es como abrir los ojos luego de ser ciego,
Al principio la luz duele, pero se pasa.

Si vas por las calles rotas te reflejarás,
Si quitas las costras de la ciudad te limpiarás,
Si tiendes la mano al herido te curarás.
Si ves una sonrisa...
   Es que todo habrá mejorado.