jueves, 22 de julio de 2010

Gol de Beausejour

Miro por la ventana y una inmensa esfera de hidrógeno incandesciente de más de 5.000 millones de años de edad calienta a fuego lento la eufórica mueca de la gente, que desparramada sobre la aceitosa homilía que fluye desde el monte de la hipocresía dirigencial grita los goles que el alma maltraída necesita.

Grande Beausejour.

(Hecho pa la fecha del mundial)

lunes, 19 de julio de 2010

Negaciones




Merezco un impacto planetario en el ego. Merezco esa corona de espinas que constriñó mi cerebro por tantos finales y me acompañó en tantos olvidos. No debí haber bebido de ese modo, como un agujero negro sumergido en un mar embravecido. No debí comer de la soberbia deshilachada de la sociedad ni debí dormir en la falda irracional y humedecida. La culpa por los sablazos sobre la tierra es un látigo de piel humana, mi piel, torturando mis minutos compactados en una resaca infernal.

No tengo negaciones en los bolsillos, solo puedo afirmar que estoy loco y que mis movimientos son los de un animal que trató de hacer lo posible por razonar y lo consiguió. Debí haber sucumbido al himno patrio, pero me volví loco antes de haberme puesto de pie. ¡Maldito el día en que aprendí lo que sé! ¡Maldito el día en que la cordura cambió de sabor!

Un amigo me dijo un día que llevaba consigo una brújula en una mano y en la otra un vaso. Yo me siento como una estatua de piedra de una deidad hindú con 8 brazos y en cada mano llevo un papel. Uno de ellos es una cuenta, otro un dibujo que me regalaron, otro un mapa de otra parte y el resto son canciones incompletas. En ninguno dice algún nombre.

No hay nadie. La ventana ha quedado abierta por mucho rato y el viento en vez de llevarse el polvo ha hecho que la sangre fluya densa y fría, lenta, como un sueño muerto contado en una canción secreta. En ninguna dice algún nombre.

No hay nadie. Extraño lo extraño de extrañar.