miércoles, 13 de octubre de 2010

Autodestierro

Dormía tranquilo,
Viajaba ligero,
Di un largo paseo
En un camino etéreo.
Perdí la sonrisa,
También perdí el sueño,
Amplio silencio,
Autodestierro.

La niebla me encontró volando bajo.
La niebla me encontró volando bajo.

Destino distante,
Respuesta implacable,
Me ahogo en mi sed.
Destino distante,
Casi inalcanzable,
Se pierde mi fe.

Viajaba a oscuras
Por raros terrenos,
Sembré en mi cabeza
Extraños misterios,
Mi norte magnético
Cambió un par de veces,
Ahora transito
En un vórtice ajeno.

La niebla me encontró volando bajo.
La niebla me encontró volando bajo.

Destino distante,
Respuesta implacable,
Me ahogo en mi sed.
Destino distante,
Casi inalcanzable,
Se pierde mi fe.

Mira al cielo,
Emprende el viaje a ningún lugar,
Extiende los brazos en soledad.
Los pájaros huyen de mí…
No siempre fue así.
Cruz de fuego,
Si has de quemarme sé que lo harás,
Limpiar mis heridas mi insanidad.
La vida se burla de mí…
No siempre fue así.

miércoles, 6 de octubre de 2010

El rey de la selva

Jadeante en medio de la seca sabana
Sombra entre sombras descansa el león,
De explosiva melena oscura y descomunales garras,
De mirada asesina galvanizada en la carne de cebras y ñus.
Panthera leo.
A la sombra de una acacia vieja
Seguro al amparo de su rugido telúrico,
De su nombre apoteósico,
Del mito sanguinario que expande la noche entre las otras bestias,
Respira el orden que su garra imprime.

El sol se despide ante su presencia.
La sed lo lleva a buscar
Un charco donde beber con su áspera lengua,
Sin miedo, confiado.
Da pasos profundos sobre la cuna del mundo,
Lento, olfateando por inercia el horizonte enrojecido.
Pero hay algo extraño,
La soberbia del rey se quiebra.
Desde la espesura de los arbustos se anuncia
Un animal sin forma.
Pero el león no retrocede.
Sus garras y colmillos han derribado a cientos de leones
En batallas que se escuchan hasta en otros continentes,
Y jamás se ha amedrentado ni por elefantes ni rinocerontes.

Lanza su rugido como un cometa sobre la tierra
Y el tiempo se detiene.
Los insectos y los pájaros hacen callar a las estrellas nacientes.
El rey ha preguntado algo.
De pronto una centella escapa desde los arbustos,
Algo corre con miedo.
El león instintivamente lo sigue
Y los versos de la vida en la tierra se hacen una carrera salvaje.
En un claro terroso el sol rojo ilumina al fugitivo:
Es un licaón.
Lycaon pictus.

El león lo persigue con furia,
Cegado por sed de castigar y reprimir con su garra
Al invasor del atardecer africano, al perturbador del quieto aire suyo.
El licaón no mira hacia atrás.
Como una bala de cazador se incrusta en el follaje espeso.
El tiempo está aún detenido.
El sol no avanza, las estrellas no se muestran.
Los insectos y los pájaros reverencian a su rey.
El león no piensa y da zarpazos y rugidos,
Amenazas al cielo y a la sabana entera.
Toda la fauna selvática corre despavorida
Ante la furia del león.

Satisfecho por su berrinche autoritario
Abandona el lugar para volver a buscar su agua,
Pero al voltear se encuentra inmerso en una marea
De licaones con los ojos iluminados.
Son pequeños, no lo asustan.
De un zarpazo derriba a uno que cae muerto entre las sombras.
Pero son muchos.
Dan chillidos, claves secretas.
Sic semper tyrannis.
Bloquean las salidas, enclaustran al león, son inteligentes.
El león retrocede, pero cae en las fauces de cientos de licaones.
Se voltea para sacarse a sus enemigos, pero son invisibles.
Sus piernas, su vientre, el león se desmorona en la naciente noche africana
Derrocado por su propia sed.
Su rugido se desvanece entre el cantar indiferente de los insectos y los pájaros,
Ayer leales al rey, mañana al que venga rugiendo mas fuerte, timoratos.
Cuando el sol vuelva a nacer el león será solo huesos roídos
Y en la sabana seguirá primando el trabajo colectivo,
Como en los licaones, las termitas, en las hienas, como en los hombres.

El rey de la selva nunca existirá.

lunes, 4 de octubre de 2010

Al Rock

Cómo se remecen mis células
Cuando una avalancha de rock destruye mis oídos,
El mundo se cubre de negro, un color más real que la luna, que es negra.
Un paréntesis entre las llagas.
Cómo me burlo del tiempo.
Ríos volcánicos de endorfina fluyen por mis sesos.
El mundo se estremece y todo se hace una sola canción.

Qué Dios, qué Satán,
El verdadero puño se hace cuando se canta a la realidad
Sea en el idioma que sea.
Una palabra bien calibrada más un riff destructivo
Son el modo más grato de despertar al mundo.
Víctor Jara hoy usaría una Gibson SG
Y su rocanrol crearía olas en el océano.
Violeta Parra sería punk, Violenta Perra
Y su canción sería el combo en el hocico más certero
En la cara tranquila de los estamentos.

El rock se hizo parte inherente de la raíz de la música chilena,
Hace rato.
El árbol subterráneo mueve silenciosamente la tierra bajo nuestros pies.
La rabia es una serpiente con distintos nombres
Que se enrolla entre sus ramas.
La fruta prohibida fue prohibida adrede.
Un buen tema con la letra precisa es mi despertador,
Un gallo de metal que canta con furia,
No a la hora establecida, sino a la hora que se le plazca,
A las 2:30AM, a los 30, da lo mismo.

Con cuerdas de guitarra salgo del pozo,
La profundidad tiembla con la frecuencia abismal del bajo,
La batería da el pulso de la batalla y del corazón,
Que es la cuna de la palabra,
De la canción,
Del verdadero rock,
No la basura intrascendente que alaba a la nada
O el tributo clon de barro que repta vestido de virtud
Y brilla por pose y nada más.

Cómo se remece mi conciencia
Al oír cantar las verdades verdaderas.
Un riff afilado para el cuerpo,
Una letra conciente para el alma,
Una banda tocando desde la verdad hundida,
Desde la grieta amarga de la historia injusta,
Desde la perspectiva pesimista de las estadísticas maquilladas,
Desde un corazón roto.

¡Me doy al rock!