lunes, 21 de marzo de 2011

Llanto en equinoccio

Recuerdo una luna ausente
Oculta detrás de una antena colosal,
Más alta que la cordillera,
Más alta que las aspiraciones humanas.
¿Por qué lloras?
Hija, no llores,
Dibuja una sonrisa de nube
Y las promesas déjalas para cuando leas el sol.
No quiebres tus dedos en martillos instintivos,
No pidas ayuda de vacas de un estómago.
Lee el sol, lee el átomo.
Cuando sepas cómo fluye la palabra
Y se transforma de día a noche,
Con frío y tormentas impredecibles,
Podrás medir con tus dedos finos
La dimensión de tu pensamiento.