lunes, 4 de abril de 2011

El silencio quema

El silencio quema.
Todo se hace terrible y no encuentro tus brazos para cobijarme.
Diste una zancada, luego yo di otra
Y quedamos en las antípodas de la mirada,
Serios, como fósiles sordos que murieron abruptamente.
Te alejas diluyéndote en una nave de susurros.
Lo lamento en reversa, como si las venas expuestas
Fueran plantas muertas al viento, desmembrándose.
Lo dije en cascadas de fuego
Y quemé el delgado hilo en tu pecho.
El silencio quema.
Los bosques de la locura se expanden en cámara rápida
Y me envuelven
Y me empujan hacia el fondo del pozo que ayudaste a destruir.
La hora es la misma que antes de mi muerte,
Mi primera muerte.
Mis recuerdos mueven el mundo de un modo extraño,
Donde siempre estás, aunque te hayas ido súbitamente.
El silencio quema.
El silencio me dice que nada era lo que fue,
Mis antiguas neuronas te endiosan como a una estrella sagrada,
Mi herida abierta teme haber malinterpretado los signos de tus manos.
No hay nada más en el horizonte
Que tu imagen yendo hacia donde no estoy.
El silencio me envuelve como una boa constrictora
Que lentamente vacía mis pulmones,
Mis ojos, mi corazón.
Tengo miedo,
Es un miedo conocido
Que me visita en las soledades reflexivas.
Miro hacia el tupido bosque de la locura
Temeroso de volver a entrar,
Temeroso de no poder encontrar la salida
Que me ayudaste a caminar.
El silencio quema.
El silencio despierta a los monstruos que encerré
Tras largos años de lucha violenta.
Los encerré bajo mares de lágrimas y alcohol
Y ahora te vas, agrietando la fuente que custodia mi semblanza.
Tengo miedo a morir en las llamas
De este silencio sombrío que nos envuelve.