lunes, 12 de marzo de 2012

La playa muerta

Imagina esto:
Una costra gigantesca salió de las aguas
Y murió antes de matarlos a todos.
Quedó tendida con la cara hundida en la historia,
Bien hondo, escondida en la pesada duna.

Nació de un sueño podrido
Y creció por medio siglo
Infectando la brisa y los barcos
Y las familias y los colores
Y los cardúmenes y las flores
Y las bicicletas y el triste mar.

La vi tan tranquila
Que quise alcanzarla,
Pero un chañaralino me detuvo.
Me dijo:
¿Ves ese monstruo?
Está muerto,
Nació muerto,
Mató en su lecho de muerte
Y murió nuevamente.
Trajo únicamente muerte,
Arrastró río abajo una ilusión enferma
Y se quedó allí, recordándonos a diario la muerte.

Era un cadáver verdoso
Como un anfibio putrefacto
Sujetando firmemente una orilla de la patria.

La lógica ha muerto, me dijo un ave de rapiña
Mientras se comía mis tripas
Y las tuyas
Y las de todos los peces de aquel mar
Y de todas las aves que alguna vez
Volaron por allí libres.

Nadie carga al muerto.

Brinckerhoff fue condecorado
Y su monstruo quedó tendido allí,
Iluminado por un faro ciego
Que me produjo vergüenza ajena.

Lagos una vez se acercó al cuerpo
Y embetunado con no sé qué
Agitó con sus pies la sangre podrida del muerto
Y ahogado en sus vahos
Llamó a todos a suicidarse.
Qué tomadura de pelo… Dios tuyo.
Los niños en el desierto han perdido la imaginación,
Pero saben que no deben acercarse
A la playa muerta.