jueves, 31 de mayo de 2012

A pasos del centro

De un rincón a otro
Todo me recuerda un tiempo
Acabado.
San Pablo, Teatinos.
Las mujeres de los cafés
Asomando un seno que pestañea
O las vitrinas con gente devorándose,
Riendo de la realidad ausente
Que agujerea sus talones.
Librerías sin libros,
Tribunales sin jueces,
Dealers sin cocaína
A la hora del almuerzo.
Hombres en monstruosas camionetas
Patalean y tuercen las cejas
Para alejarse rápido del hedor del trabajo mal pagado.
Todo fue un sueño degollado.
Las antiguas construcciones
Donde el hambriento sació su hambre
Se vuelven un boulevard remoto
Ante la mirada atónita del transeúnte.
Giro sin destino, buscando
La mirada que perdió un perro
Que siguió a un amo momentáneo
Con pan en la mano
Y viruta en el corazón.
Yo fui de esos y soy igual de perro.
Arrazo con mi pinta
De cocodrilo prehistórico
Entre la muchedumbre uniformada.
Todo me recuerda un tiempo
Acabado.
Huérfanos, San Antonio.
La picá que busco murió el siglo pasado
Y no dejó tumba en que llorar.
La cuidad se fragmenta
En monolitos que se equilibran
Para no ceder espacio.
Todos chocan,
Todas las parejas indiferentes
Babean entre los mendigos
Y los mendigos no saben
Que por donde pasan a diario
Caminó un importante hombre muerto,
Ejemplo del pasado.
Por la ventana angosta
La luz se cuela entre moteles
Y casetas de seguridad,
Sorteando las piernas de las estatuas humanas,
Resbalando voluntariamente
Llorando por no llegar bajo el río.
Es linda esta cuidad
Con su malhumorada frente gris
Y su sonrisa escondida
Entre las calles viejas
Y viejas ratas.
Los hombres de oficina
Seducen a las cajeras
Y las cajeras juegan
A que bailan en la noche
La canción fermentada
Del subsuelo nacional
Virulento, hediondo, ignorante,
Como tú, como yo, como el funcionario municipal
O la puta extranjera.
La manada ebria evita la sombra
Donde simula dormir
El jote acalambrado
Y la serpiente alucinada.
Con rápido gesto
Apuñalan la arteria céntrica.La cubren de penas,
Penas acumuladas a través de los siglos
De los siglos, amén.
A la sombra de la catedral
No se ven las estrellas.
A la sombra de la catedral
El viento y la lluvia
Pasan como si nada.
El equilibrio sórdido de la capital
Se mantiene intacto
Bajo los ojos cerrados de las cámaras.
Todo recuerdo en los pasillos húmedos
Y los bares sombríos y ruidosos
Son posas de agua
En la reseca rivera del Mapocho muerto.
Las hormigas asesinan en su sueño.
Los perros nos dominan.
Las palomas aletean en su jaula oxidada.
Las tiendas me encandilan
Con el humo y la pirotecnia
Neónica,
Cuática,
Punzante,
Violenta,
Indemne.
Santiago me abraza,
Yo lo atravieso derrochando
En alcohol y rocanrol,
Comiendo en restaurantes peruanos,
Comprando películas pirata.
Me dijeron,
He escuchado,
Me contó un pajarraco,
Un primo de uno,
Un amigo extranjero de otro,
Que lo mejor de la ciudad está escondido.

Lo sé muy bien.

martes, 29 de mayo de 2012

Con la mansa fe

Con la mansa fe
Paro un rato el tiempo.
Escuchen: Traje una canción para regalar.
Me deslizo entre los simios
A entregar mi visión
Para que sea diseccionada
Por un grupo indiferente
De cantores anónimos.
Con la mansa fe
Bailo al ritmo de una arteria
Del mundo
Y sacudo la chasca
Para renacer.
La hice hace tiempo, cabizbajo
En una pieza verde
Donde mi hijo solía colorear.
Hoy la entrego al mundo
Como un latigazo,
Pues cuenta la inercia
De la sociedad:
La insensible herida
Y los puentes cortados
Intenté cantar
Y el resultado
Como una llovizna
Quiero lanzar al aire.
Que caiga donde deba caer,
Que moje las manos y la piedra,
Que llegue con el viento al desierto
O al extremo polar del mundo.
¡Que vuele!
Con la mansa fe
Salpico mi sangre
Sobre quien quiera escuchar
Su goteo lento y cadente.

miércoles, 23 de mayo de 2012

El ocaso es nuestro

El ocaso es nuestro.
Como un rayo atraviesa
Nuestra pupila
Dando paz a esta rueda descarrilada.
Bajo su velo ondulado
Te admiro hondamente.
El ocaso te pone azul,
Hermosa, como ave rasgando el cielo.
Bajo el arco sin país de las estrellas
Te atrapo al pasar y te amo.

El ocaso es nuestro.
Su sangre lo hace nuestro.
En la profundidad de tus ojos
Me refugio del estruendoso mundo
Y le canto a tus bondades con pasión.
Te amo, te llevo en la retina,
Te beso desnuda en los recuerdos,
Te llevo a la frontera encendida de mis venas.

Mírame con locura.
Miremos al ocaso, que es nuestro.
Guardémoslo en piel y saliva
Bajo la bóveda celeste.
¿Hagámosla nuestra?

miércoles, 16 de mayo de 2012

Reclamo áspero en pos de las flores de enero

¿Vale la pena discutir
Si no existe una gota de respeto?
Es imposible.
Tu hedor me recuerda
Un cadáver metálico cromado de moscas.
Cada supuesto pensamiento
Que emana de tu enorme cabezota vacía
Es un tentáculo putrefacto
Incapaz de sostener nada.
No veo otra cosa.
¿Le rezas a Jesús?
¿Con qué lengua?
Mírate las extremidades
Flotando en el agua
Sin patalear, ahogándose por siempre.
Mientras no limpies el charco
Empantanado donde ríes
No cambiará nada.
Lo único importante es que
No ensucies las estrellas,
No ensucies los astros,
No ensucies mi descendencia,
No.
No mezcles la materia
Ni la viertas sobre la Cruz del sur,
Sobre el cinturón de Orión,
Ni sobre la luna resplandeciente.
Valen más que tus cuentas opacas
Y mis truenos subterráneos.
No salpiques saliva podrida
Sobre el sol de mañana.
Yo te aguanto la miseria
De tu semblante musgoso,
Soporto tu embate de vaca loca,
Cargo tu ceguera hipócrita y desvergonzada,
Con tal de que no toques
Con tu tentáculo podrido
Las luciérnagas destinadas al firmamento.
Mi espolón ponzoñoso no acerco nunca
A mis astros resplandecientes.
Mi martillo furioso
No enseño a mi descendencia.
Más tú no arrastres con tu gravedad insípida
Al peladero de tu karma a mi descendencia.
Déjalos brillas,
No los opaques con tu velo miserable.
Tu labor en la tierra es enderezarlos,
Levantar su mentón
Cuando las marejadas alcancen su barco,
Podar hojas muertas de su copa encendida,
No absorberlos ni contaminarlos
Con tu costumbre de tropezar
Y arrastrar los ojos rezando sin destino.
Tu estrecha ventana es tuya y de nadie más.
Mi labor en esta tierra es encaminarlos
Al horizonte, al espacio, al océano,
Encenderlos,
Que distingan los escombros
En la ruta embravecida,
Que no carguen las rocas
Puestas por otros en el camino.
Mi labor no es desenmascararte,
(Por ese asunto no te asustes)
Pues la contienda es entre nosotros.
Descargo mi vómito atorado
De tantos años de mentiras,
Concentro mi odio colosal
Hacia tu miserable sonrisa
De bruja moribunda.
No exijas respeto
Si no eres capaz de dar oxígeno
A mi descendencia.
No hay respeto
Por quien, colgándose la placa de Madre,
Arrastra por la vida a mi descendencia,
Justificándose con mueca sórdida
Y gesto de cadáver soberbio.
Tus pesares no me importan.
Tus rezos me son cuento ajeno.
Tu felicidad me es indiferente.
Sonríe, pero que tu sonrisa
No tape la luz sobre las flores de enero.
La lucidez debe brillar
Más que tu frente marchita.
Debes ver que se alza como una montaña
La cara graciosa de mi descendencia.
Nuestra, con verdadero pesar en mi alma.
Mis aleteos no son para frustrar
Tu plan ferviente de paz y tranquilidad,
Mis aleteos son porque sueles siempre
Arrastrar a mis hijos
Por el filo gastado de tu herradura,
Porque tu locura de gallina
Perturba su sueño tranquilo.
Porque antepones la huella de un santo cautivo
Por sobre el pensamiento tierno de mi descendencia.
No lo escuchas,
No lo ves,
No lo palpas.
Llegará un día la voz
Como un trueno descarriado
Sobre tu cara gris y artera
Para remecerte con brutalidad
Con lo que hoy germina en silencio.
Su conciencia viene en camino,
Aunque no leas esto nunca
Y aunque no des interes
A mi reclamo áspero.

lunes, 14 de mayo de 2012

Entre los tres montes de Tharsis y el monte Olimpo

Durante la noche me envuelvo
En un manto oscuro
Y viajo sin avisarle a nadie.
Por las estrellas me guío
En medio del silencio.
Bloqueo los sentidos
Y dejo atrás la luz de neón.
Permiso, te digo mientras duermes,
Tengo que ausentarme.

Me recibe el horizonte serio y amarillento,
Ahogado de secretos y gases mezquinos.
La roca es antigua
Y evoca un brindis divino.
El atardecer: indescriptible,
A pesar de mi vago intento:
El cielo malherido vierte sangre,
Descolorida sangre
Sobre las nubes enajenadas que avanzan
Tras los montes encriptados,
Que son como pies enormes,
Cuyo dueño avanza a un ritmo incomprendido.
El viento juega haciendo tornados
Que escriben sobre el rojo suelo
Las páginas que nos falta leer.
Estoy en un valle
Entre los tres montes de Tharsis y el monte Olimpo,
Centinelas mudos y furiosos,
Que esperan la orden astral
Para desatar su ira sobre el arenoso paraíso muerto.

Quizás un día llovió
Y la cara limpia contra el sol pequeño de invierno
Brilló más que el sueño de un niño lejano.
Quizás un día una burbuja estalló,
Trizando la enredadera cósmica
Que pudo usar la vida aquí,
Viuda de testigos.

¿Nos hemos visto en alguna parte?
He visto tu desértica silueta.
Te conozco, te he escuchado, lo sé.
La bruma silenciosa oculta los ojos mágicos,
Pequeños testigos muertos del parto amarillento
De las moles que me rodean.
El sueño telúrico dejó heridas profundas
Que todos los hermanos padecen
Y que me ha tocado padecer en más de una ocasión.
La herida profunda ríe
Como un monje solitario,
Abandonado a la locura oscura
De los eones,
Flotando,
Cantando,
Delirando,
Seco,
Aparentemente muerto.

Tu canto obedece a otra frontera,
Pero las notas de tu canción son las mismas.
Por eso te he escuchado.

Mientras duermo la tormenta se desata,
Pero mis piernas no me estorban.
Mi culpa está anclada a lo lejos,
En aquél pálido punto azul
Que el horizonte engulle lentamente.
Hago mías las huellas de la tecnología
Y las sigo observando piedritas
Que no tienen importancia,
Que no tienen evidencia de vida,
Que no tienen minerales desconocidos ni preciosos.
Por la noche construyo un templo
Y lo destruyo al amanecer.
El atardecer eterno silba,
Llamándome.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Me aprendí algunas rutinas

Paso casi la mitad de la vida
Dentro de una torta
Dura y desabrida.
Enhebro la idea de un hombre
Que la dejó planteada, cobró los cheques
Y salió volando por la ventana.
Es el sueño de muchos,
Pero no el mío.
Me aprendí algunas rutinas
Que solucionan los dramas de la vida,
Como la automatización de algo que no me acuerdo
O vender ya no sé qué
O calcular no sé qué.
Tuve una ventana, pero se fue volando.
Tuve una palabra, pero la guardé para cuando venga al caso,
No vaya a ser que se me olvide lo que no debo olvidar
Y dé cabida a lo que no tiene cabida.
De esta mole salgo
Con nostalgia de los árboles.
Los que hay son falsos.
Extraño los gatos.
Miro entre los focos la diminuta luna
Que algo dice, pero no la escucho,
Me reta, me pide ayuda,
Pero no la distingo.
Es mayo y el frío pasa a saludar.
La gente exige conductas como mendigando
Y no repara en lo que hay frente a las pantallas
Omnipresentes.
Reconozco que no me interesa.
Los rituales alcohólicos se toman el crepúsculo.
Chao, digo desinteresado
Para ir a embriagarme entre las moscas.