lunes, 19 de noviembre de 2012

La jauría (poema podrido)



1.
Va en el sentido correcto,
Dijo entre aplausos
La hiena con más manchas en sus antecedentes,
Vitoreando la ley mal parida
Que le daba de por vida a su jauría
Lo que por esencia no puede tener dueño.
Qué espectral espectáculo.
Qué carcajada espantosa la explota en el cielo.

2.
La historia está corrompida,
Dijo un viejo que se ahogaba en su saliva
Buscando en su inundada memoria
Algún recuerdo en el que se haya visto bien,
Creciendo,
Sustentando sin padecimientos a sus hijos,
Potenciales astros en el firmamento,
Pero no encontró nada.
Todos estamos podridos,
Dijo sollozando
Con su pequeño enfermo en los brazos
Entre unas calles estrechas y pobremente iluminadas.
Todos estamos podridos,
Repitió,
Nosotros bajo la basura compactada
Y ellos... no hay para qué decirlo.
Sus lágrimas se congelaron
En sus ojos amargos.

3.
Hay una parte del instinto
Que crece como el musgo
En los ambientes húmedos,
Como en la sangre,
El sudor o el semen desparramado.
De los hombres evaporados se alimenta
Para armar templos terribles de dominación.
En el sopor heredado
Entierra sus pilares filosos
Al ritmo del monótono aullido
Que arrastra las miradas
Hasta lo más profundo de la realidad,
Sin que se note,
Con fuegos artificiales, divinidades deportivas,
Culos alucinantes, redentores psicodélicos,
Dulces sedantes, banderas sangrantes,
Serpentinas y cornetas.
Esa parte del instinto
Jala los pies del hombre
Y afecta la percepción de la gravedad.
Lo que está arriba queda abajo,
Lo de abajo se va a un costado
Y el peso de la ignorancia
Inclina el sentido de la realidad.
Lo que está bien se ve obsoleto
Y lo que está mal
Se transforma en la orden suprema,
Intocable e inoxidable,
Que todos debemos acatar
Para que la estabilidad reinante perdure
Y se estire para siempre
La sonrisa de fierro
Y el brindis asimétrico.

4.
En silencio celebra la jauría
Su argucia contra el cosmos,
Como si su éxito no dependiera de este.
Las paredes colisionan
Como en el aplauso tormentoso
De los dioses que ríen
Cuando oyen nuestros huesos crujir.
Si despertáramos no nos gustaría,
Dijo durmiendo el caudillo bien vestido.
Al despertar empuñó su mano y grito al viento:
No a él, a mí,
Y la multitud bostezó:
Te votaremos,
Después te botaremos para votar a tu constructor,
Y así, inertemente,
En el regazo de la ley mal parida.

5.
La ley la luce, como un abrigo de piel,
La jauría desvergonzada,
Actualizada, con nuevo sobrenombres
Ad hok a los tiempos,
Perdonada de sus zancadas
Que quedaron olvidadas en el jolgorio
Y esta eterna resaca,
Inmaculada en los anuncios
Y en las estadísticas viciadas.
La jauría,
Insensible e invisible,
Con sus manos esqueléticas
Quita entre sonrisas de la ley
La igualdad y la justicia.
Piel sobre piel
Para sentirse no tan indefensos ante el Dios
Que peregrina en la alta esfera.

6.
No hay perdón de Dios,
Exclamó uno ya muerto,
Escúchanos, Señor. Te rogamos,
Dijo pidiendo por las almas
De los impositores de la condena,
Para que en la otra vida reciban el perdón
Del Dios conveniente,
Mientras en esta vida
Roban con su antifaz legalizado,
Confabulándose contra la tierra,
Aniquilando los peces en los mares,
Tapizando volcanes somnolientos,
Quemando bosques escritos,
Poblando los cementerios
Y los cofres bajo su cama.

7.
Todos estamos podridos,
Dijo el vio' entre los vios'.
Nosotros, hormigas hambrientas
En los planes altivos
De la casta púrpura que desde el centro financiero
Dicta los suspiros,
Nosotros, compradores de gases intestinales,
Calibradores de las armas que nos matarán,
Nosotros somos entero vios'.
Nosotros merecemos la televisión encendida
En la pieza de nuestros hijos,
Merecemos los anuncios
Anteponiéndose a las estrellas,
Merecemos jugosos muslos
De mujeres en la pantalla.
Pero no merecemos la escasez de goles
Ni la privación de tarjetas.
No merecemos la verdad cruda,
La merecemos cocinada y sazonada
Con oscuridad y finas hierbas.
Merecemos sostener en nuestra espalda
La vida de los ángeles.
Y queremos más.
Mientras, un eclipse obnubila las plegarias.

8.
Las hienas en su guarida oculta,
Entre sombras heredadas
Y ríos podridos,
Rieron y lo negaron.
Los sedientos saludaron.
Todos estamos podridos.
Imagen: http://www.wired.com/

viernes, 16 de noviembre de 2012

A la informática

Los miro y me persigno.
Entre líneas inentendibles,
Madejas de datos incoloros,
Incomprensibles pensamientos
Desmembrados y rejuntados
Como en un Frankenstein binario
Deambulan los informáticos,
Sonriéndole a la vida
Que paga de vez en cuando.
La noche y sus dolores,
Las ojeras, las ausencias,
Las risas reflejadas
En la pantalla negra,
La resignación que hemos sufrido.
Las putas del mercado.
Hoy no me toca sumergirme
En la enclaustrada noche,
Pero me tocará, así es la pega.
Los dramas brotan
Para humanizar el encierro,
Las risas acercan
En la gravedad del tiempo,
En la ausencia de la sangre
Que se mantiene viva
Por la espalda tullida
Que llevamos sonrientes.
Las risas dan sonido
Al vacío inmenso tras la pantalla.
Mientras los hijos duermen
O bailan bajo el sol,
A uno le corresponde
Interpretar el lenguaje
Del mercado,
Atender la necesidad
De las instituciones,
De cómo abultarán
Sus estómagos virtuales
En pos de... Da lo mismo.
En silencio, entre líneas de código,
Me escabullo a la ventana.
La mecánica comida sacude los eslabones
De la cadena diaria,
Un poco de sabor
Da a la desabrida escalera
Que nos queda por delante.
Bomberos de ocasión
Para apagar incendios ilógicos,
Sacrificando el poco tiempo
Que podríamos perder en el mall
O frente a la tele
O durmiendo, soñando,
A cambio de suaves billetes
Empapados de sudor.
La elección está hecha,
Sólo queda programar en silencio
Lo que queda de vida.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Rey animal

Como una hormiga en mi oído
Armada con lanzallamas y metralletas
Fluye la mágica corriente
Entre mis fibras hastiadas.
Renace del barro
Entre cadáveres de animales,
Reinando de nuevo,
Perforando el cerebro,
Iluminándome por dentro.
Tengo la obligación de decir:
¡Por la conchesumare, la wea wena!

martes, 6 de noviembre de 2012

Futuro

En el futuro los autos volarán,
Decían los expertos,
Que no eran más que locos buena onda
Hilando azares en la noche.
Me pregunto a diario
Sobre ese futuro
Mientras se aleja
A cada instante un poco más.
Volveré al sol:
Es mi única predicción.
Pero
El futuro se aposta
En la ventana sucia.
Me mira, cansado,
Como si estuviera viejo
De esperar.
¡Estoy aquí, imbécil!
El futuro es
Una flor solitaria,
Una ninfa desnuda
Que llama en la confusión.
Ver el futuro es un sueño
Estadísticamente inestable.
Los verdaderos sabios
Videntes
Han sido pisoteados
Por la muerte.
Han hilado azares en la noche.
Han izado una bandera
Pintada con su sangre.
Han visto los artilugios
Que amenizan las almas
Antes de las almas.
Su secreto ha sido
Concebido sobre sus restos.
Yo apuesto mis restos:
En el futuro
Se moverán las masas
De las oficinas
Cuando queden obsoletas
Ante la omnipresencia
De la tecnología.
Los mineros fosilizados
Penarán entre máquinas humanizadas,
Igual de sanguinarias,
Los pescadores serán mitos
Para los controladores del sonar hipnótico
Que atraerá los peces
Como clérigos a niños desvalidos.
Las ciudades,
Como cadáveres en el desierto
Exponiendo sus costillas rotas,
Volverán a la tierra buscando
El regazo materno perdido
Entre la guerra, la corrupción y la suciedad.
Un respaldo, una foto
De antes de cualquier quiebre
Restaurará mis fracturas
O mis cortes mortuorios,
Anudando átomos
Como en el mapa original.
En el futuro
La muerte vestirá de blanco
Y los dioses pelearán
Por poseer la muerte.
Habrá dragones
Y monstruos marinos,
Elefantes lanudos
Y hombres fluorescentes.
Los perros domésticos hablarán
Y los autos volarán.
Soy un loco buena onda
Hilando azares en la noche.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Mi abuelo


Cada paseo fue
Como una chispa en un bosque
De neuronas dormidas.
Cada libro enjaulado en la oscuridad
Saltó como un rayo de Zeus iracundo,
Iluminándolo todo.
Quizás un día me olvidé
Del quijotesco perfil de mi abuelo,
Hombre secreto, tradicional y sabio,
Del sur remoto,
Frío y terremoteado,
Con su bigote estricto
Ocultando su sonrisa gentil.
Su firmeza grave
Equilibró mis ruedas.
De algún modo dibujó
El primero de mis sueño,
Ese de mirar en el tiempo
Las huellas sepultadas,
Los templos abatidos,
Los credos olvidados.
Las cosas cambiaron,
Quité algunos dioses
De la estampa original
En el mismo templo
Donde él forjó sus espadas.
A fuerza de oraciones
Abandoné la oración,
Doblé en la esquina
En la que no querían que doblara,
Pero con vendajes y muletas,
Nunca,
Nunca he olvidado
El paseo serio
Por la calle otoñada
Escuchando atento
La historia perdida,
El misterio desmembrado,
La crujiente curiosidad
Eclosionando
En una plaza hundida.
Soy de la misma piedra
Y te lo agradezco.

Basura bajo los postes

Tengo un frío del terror,
Los brazos partidos
Y los abrazos con ojeras.
Hay algo que quiero hacer:
Deambular por el derretido
Santiago del capital extremo.
Alguna grieta fresca
Con canciones y libros
Podrá refrescar mi frente
Deshidratada
Por la extrema procesión,
Típica del fin de semana.
Es necesario
Recolectar las semillas
Y regarlas
Entre la confusión.
De mi mano pende
Un intento vago
Por limpiar la ventana
O destruir el letrero luminoso
Que no deja ver
La basura bajo los postes
O desparramada en la cocina
O matizada en los diarios.
¿Vamos?
¿Atrevámonos a salir?
¿Rompamos la cerca?
¿Eduquemos al viento encerrado?
¿Leamos las alas del cóndor?
¿Tomémonos algo para limpiar el espíritu?
Veamos lo que hay
Bajo la alfombra.
Recorramos la fealdad
De nuestro egoísmo
Y pisoteémoslo,
Tricémoslo y miremos sin temor
La sonrisa enterrada
De la tierra bajo el asfalto.