miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tenemos todos derecho a escribir

Todos tenemos derecho a escribir,
Aunque sea para aparentar
Que nuestras neuronas trabajan.
Podemos escribir sobre los peces
Mirando desde arriba de un árbol
O podemos criticar al cocinero
Mientras langüeteamos el plato.
La idea es que crean que pensamos,
Aunque en el fondo
Todos nos vean como un juguete
Abandonado bajo el sol,
Deshaciéndose, descascarándose,
Con la sonrisa y los ojos fijos
Mientras la tierra arde.
Aunque despotriquemos
Contra la altura de Los Andes,
Aunque seamos faranduleros inútiles
Hablando de políticos y no de política,
Pretendiendo dar un ejemplo
A la juventud bovina,
Pretendiendo fraguar opinión
En el vacío desmesurado
De la cabeza,
Tenemos todos derecho a escribir
Y mostrar todo lo infinitamente imbéciles que somos.
Tenemos el derecho a mostrar
El peldaño en el que vamos
O si andamos con un moco en la frente.
Ahora, compartirlo, es otra cosa.


Basado en esto

martes, 18 de diciembre de 2012

Siluetas oscuras



Después de años, cuando el extenso llano oscuro formado por la lava vertida durante la gigantesca erupción del volcán sobre el antiguo valle presentaba pequeños brotes verdes que asomaban tímidos entre las rocas, un grupo de niños se fue a explorarlo. Fueron en silencio, designados por los viejos en contra de su voluntad, pues ninguno de los sobrevivientes se atrevió a adentrarse al lugar devastado. La superficie negra abarcaba toda la vista. La fumarola del volcán, que luego de la explosión desapareció, dejando pequeños muñones filosos alrededor del enorme cráter resultante, se mantenía uniforme en el cielo despejado, casi estática, impulsada hacia el sur por una tenue brisa veraniega. Los niños siguieron el curso de las olas de lava endurecidas hacia el horizonte en sentido contrario al cráter, explorando cada hendidura o formación extraña de aquella morfología desquiciada. Mientras más se alejaban el desagradable olor despedido del cráter se desvanecía y la brisa del mar distante refrescaba la memoria. De pronto un montículo resaltó en el horizonte. Era el destino de la expedición. Al rodearlo, encontraron una caverna perfectamente circular, muy ancha, oscura. Sin embargo, tenía un fulgor extraño, un brillo mortecino, hipnótico, como si fuera la puerta a otro mundo. El mayor de los niños, sin decir palabra alguna, se adentró en la caverna. Los demás cuatro, lo siguieron. La caverna descendía vertiginosamente, pero su superficie áspera permitía a los niños adherirse sin problemas. Los niños se veían como siluetas oscuras, el fulgor fosforescente de las paredes mostraba el camino, las curvas serpenteantes, los obstáculos. En ningún momento el camino se dividió. Siempre fue uno el camino, por lo que salir no sería problema. Bajaron y bajaron perdiendo la percepción del tiempo. Sin decirse nada continuaron bajando quizás por cuánto tiempo, sólo siguiendo la silueta negra del niño de adelante, sin hambre, sin sueño, embrujados por el fulgor misterioso de la caverna. Luego de un largo tiempo de descenso continuo, el túnel comenzó a contraerse, a tal punto que el techo se hizo alcanzable. Una bóveda inmensa se abrió. Unas extrañas piedras había en el techo, como cristales angulosos. El contraste con el fulgor de la caverna les dabas una belleza indescriptible, pero ninguno se atrevió a alcanzar uno. De pronto uno de los niños levantó la mano. Su silueta fue advertida por el resto, que en un gesto instintivo dieron un paso atrás. Tomó un cristal del porte de su puño y lo sacó. De pronto un temblor remeció la caverna. El techo comenzó a caer completo sobre los niños. Entonces uno de ellos dio vuelta atrás y corrió. El niño que tomó el cristal lo tiró y corrió también y el resto lo siguieron. El techo bajaba uniforme sobre ellos, reduciendo sus movimientos. La entrada de la bóveda aún estaba lejos. De golpe, el menor de ellos, se detuvo y extendió ambos brazos para sostener el techo, el cual inmediatamente cesó de caer. Los otros niños se acercaron y lo acariciaron sin decir ni una palabra y se sentaron a su alrededor. Se escucharon sollozos. Desde el fondo inexplorado de la caverna apareció una nueva silueta negra. Era un viejo que arrastrándose llegó hasta donde los niños. Se paró frente al niño que sostenía el techo y con un amable gesto lo saludó. Los demás niños lo rodearon y se fueron con él, dejando sólo al niño con el peso de la montaña en sus manos. Cuando llegaron a la boca de la caverna el paisaje estaba cubierto de nieve. El viejo fue cegado por su resplandor, se dejó caer en ella sin fuerzas y lloró. Tras él un pequeño niño comenzaba el relevo en la tarea de sostener el mundo, la misma tarea que la generación anterior no cumplió y que lo hizo perder su juventud, la misma tarea que desató la catástrofe que devastó a la población.

Image desde: http://www.explore-the-big-island.com
Corresponde al tubo de lava Thurston, en Hawaii

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Olas en el infinito

 
La muerte llega y nos doblega.
Nos saca de esta ficticia travesía
Y nos deja desvelados en la noche,
Tan oscura como eterna,
Mirando de frente
A los ojos del universo,
Indefensos,
Como la araña bajo el zapato,
Huérfanos,
Como el niño que despertó en la guerra,
Aferrados a un rumor milenario
O desgarrados ante la incomprensible
Y aterradora vastedad del cósmos.

Somos olas en el infinito.
Nacemos y rasgamos el cielo,
Morimos y volvemos al mar.
Somos olas en el infinito.
Aunque rompamos en las rocas
O nos perdamos en alta mar,
Somos olas en el infinito
Y el mar que formamos
Va golpeando duramente la tierra.

El lenguaje incógnito de la muerte
No nos está permitido,
Sólo tenemos permitido
Combatir el olvido
Y sembrar la tierra
De enormes símbolos que nos impidan
Matar a nuestros muertos para siempre.
Los muertos han devuelto
Sus elementos a la matriz original,
Han cumplido con la ley del universo,
Han dejado su nombre entre los vivos
Y han fertilizado el recuerdo
En nuestro corazón agrietado.
Los muertos somos nosotros
Y hoy los honraremos.
Reparemos el corazón
Y brindémosle justicia
A su recuerdo.

Imagen de http://www.minuar.es/Pag3.html

jueves, 6 de diciembre de 2012

Idioteces, una tras otra


Los cerros son mis ojos
Y por su ladera, cansada la vista deja huir
El instante conmovedor
Que pasó y quedó inmutable.
Qué idiotez.
He dicho cocodrilos emplumados,
He visto estrellas de bolsillo,
He hecho canciones pegajosas,
Pero ante todo,
He sido un saco'e weas.
Cuando me lanzo solo
Al borde del camino
Y desbarranco por una idiotez,
Dan ganas de gritar:
Por la rechuchesumadre!!!!!
Los sueños escurren por la calle,
Lejos del alcance de los niños.
La vida está diseñada por ogros
Que no saben nada de astronomía.
Los niños, yo incluido,
Quedan a la intemperie,
Balbuceando lo que aún no aprenden,
Indefensos frente a la afrenta a la mente
Que sostiene las ciudades.
Son todos inteligentes y malvados, yo incluido.
Me he quedado con una herida inmensa
En los calcetines,
Tendido en el suelo,
Desangrándome de a palabras.
Una a una forman una prosa siniestra
Que sabe a hiel.
Pierdo lo que no he tenido y sufro.
Las patrañas del sistema
Me doblan como un billete viejo.
Paso de sueño en sueño
Y termino con las manos agujereadas
Como le pasó a Cristo,
Pero dejo en claro, no me creo Cristo,
He escuchado de él, pero no lo conozco.
Por mi cumbre se evaporan los recuerdos.
En fila se van hacia el espacio,
Lejos de la mierda empedrada
Que cimenté en la oscuridad.
Hoy no voy solo y temo a los monstruos.
Temo no saber apretar el gatillo
Cuando llegue al noveno paso.
Temo correr cuando sienta que deba quedarme de pie.
Temo no ser lo que esculpí.
Los cerros se ocultan en la noche,
Están, pero no están.
Como un párpado cerrándose
La noche cae y obliga a soñar
Y a despertar para dejar los sueños
En los aparadores del universo,
Junto a millonisisisisisisimos otros sueños
Arrumbados, juntando polvo,
Drenando lágrimas,
Puteando al cielo.
Esto de ser un saco'e wea.
Esto de no entender la sociedad.
Esto de lanzarse por la Vía láctea 
Y dejarse seducir por las transeúntes.
Esto de no pensar.
Esto de no planear.
Esto de ser.
Esto de imaginar tanta webada junta
Y perder el tiempo del trabajo
Vomitando en el teclado.
Esto de soñar...
Esto de despertar...
Esto de cosechar sin sembrar.
Mis preferencias se van a la mierda.
¿De qué sirve entender la tectónica de las placas
Encerrado en un ataúd, gastando mi columna
Y pisoteando ideales del colegio?
El silencio es mi gran aliado (traidor).
El tiempo es mi copiloto (maricón).
Los puñales caen como nieve
Y salgo a la calle con los brazos extendidos,
Con júbilo,
Con ingenuidad.
Ya es tarde,
Me queda poca sangre por perder.
No me consuelo,
Se acerca el fin del mundo,
Las fauces demoníacas del banquero loco,
La pluma pacífica del general Croqueta,
El libro vendado que guía en los laberintos.
Sería inteligente si azoto mi cabeza en el cielo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Gegenschein sobre Chile

Gegenschein sobre Chile
Suceso imperceptible
Invisible ante la egoísta
    pantomima humana
Y la mueca inservible que nos lleva
    de un día a otro
Luz sobre los rieles cósmicos
Luz encapsulada en la cuna original
Luz desapercibida
Sobre viviendas y artefactos desechables
Sobre penas y montañas temporales
Sobre la obsolescencia de la especie
Perteneciente al panteón divino
    de lo inexplicable
Hasta que la pupila sigilosa
    de algún explorador astral
Retrata tu sutil gesto

Basado en esto