lunes, 25 de marzo de 2013

Pesadilla

El silencio es tal,
Que escucho consumirse el cigarro.
Mis latidos me torturan.
Inhalo silencio
Y aplasto mis pensamientos,
Los extirpo levantando
Los ojos al techo.
La sangre
Suena como un torrente remoto
Hundiéndose en la montaña.
La tierra en mis manos
Suena como una estampida
De enormes bestias en la tundra.
El silencio es tal,
Que la luna abre un surco
Al atravesar el cielo
Y cruje
Como mis huesos azotándose.
El humo del cigarro avanza
Como arrastrándose en la arena.
Mis parpadeos
Son derrumbes de monumentos históricos.
Todo este ruidoso paraje en el silencio,
Que nace de mi temor
A escucharme divagar,
A pensar más de la cuenta,
A animar tótems caídos,
No ha logrado apagar
La pesadilla de sostener
Una cuerda roída de silencios
Y caer como un imbécil
Por los barrancos inventados
Que pongo al frente.

jueves, 21 de marzo de 2013

Legítima pregunta

 En este incómodo mirador
Y con la ropa impregnada de ignorancia,
Vuelvo los ojos al cielo
Preguntándome por lo que no se ve,
Lo que está más allá
Del humo y de los semáforos
Las prendas alegres y los montajes,
Los papas y los lanza-misiles
Y aquellas cosas por las que transito
En silencio y que ignoro ocasionalmente.
Es difícil dimensionar el universo
Hundido entre tantas trampas,
Con la espalda herida
Por el flujo violento
De los capitales huidizos
Que alimentan a los forajidos.
Desde mi silla tullida cuento hacia atrás,
Hasta el inicio de la materia y el tiempo,
Hasta el improbable sonido
Con el que se inició la música,
Que a veces es sórdida y triste.
Partículas inquietas, energías mudas,
Desnudas explosiones,
Que encadenan los hechos
Y dan flujo a una historia
No contada,
Se muestran ante los ojos
Y destruyen cada letra del alfabeto
Para enrostrarnos la insignificancia
De nuestro pesar.
Nada es al azar.
Nada fue intervenido por Dios.
Dios no cabe en esta ecuación.
Las estrellas y los planetas
Son una magnífica imperfección
En la sopa primigenia
De los elementos.
La luz no existía,
O bien, no podía existir.
Estaba atrapada entre los ríos
Compactos de energías inimaginables,
Estaba esperando respirar
Para existir.
El tiempo no existía,
O bien, era otro tiempo.
Estaba desfigurado, con la cara volteada
Y con otro tipo de ojos,
Que hacen imposible su cabida
En nuestra mente pequeña.
Gritaba en lengua muerta.
El estruendo se escucha aún.
De las estrellas estamos hechos
Y no del barro sagrado.
Las partículas bailaron
Y en su danza hicieron un sol,
Que drogado y furibundo
Vomitó resplandores y planetas,
Unos como el que habitamos.
¿Sabemos dónde estamos?
Yo no lo sé, pero sé
Que mis átomos fueron forjados
Al interior de una estrella.
No fue este sol, fue uno extinguido
Que iluminó otros astros
Que a su muerte devastó,
Como pasará con esta tierra
Un día en otro tiempo.
Tú y yo estuvimos en esa estrella.
Quizás nos amamos
En una forma incomprendida.
Quizás nuestras partículas se entrelazaron
Y liberaron energía
Como lo hacemos nosotros hoy.
No sabemos dónde estamos.
Pasamos los ojos sobre la tierra húmeda
Y no nos vemos, porque
Estamos encallados.
Pasamos los dedos por los volcanes
Y no los sentimos, porque
Estamos distraídos.
Pero sé que cuando toco tu piel
Toco el universo.
Cuando beso tus labios
Beso el interior de las estrellas.
Cuando miro tus pupilas
Veo el principio y el fin.
Estamos conectados
Por un lazo sideral,
Una maraña inentendible
Que une a moros y cristianos
Y que moros y cristianos
No se atreven a desvelar.
Hay interés en la basura
Y en la inmediata satisfacción de la duda.
¿De dónde venimos?
Legítima pregunta
Que truena entre silencios.
La respuesta es desenterrada
De oscuras percepciones antiguas,
Despojadas de conocimiento
Y plagadas de nubarrones.
De modo simplón se da rienda al entendimiento,
Pero el horizonte está demasiado lejos
Como para creer en cuentos viejos.
Algo nos une a ese rincón ínfimo
En el fondo cósmico.

jueves, 14 de marzo de 2013

Los lazos heredados

Hay tensión en el cielo.
Entre el humo negro
Se evaporan las lágrimas
Y el olor a azufre inunda
Las esquinas de los ojos.
Las cabezas de ganado perdido
Lloran bajo los sauces
O a la sombra de la montaña
Esperando el paso de un ave imaginaria.
El mundo no ha parado,
Pues hay muchos gatillos que jalar aún.
En nuestra posición intermedia
Entre el fuego y el aire,
Fácil es perderse con la mirada puesta
En las manos sucias.
Comerciantes infectan el cielo,
Militares revientan el horizonte,
Religiosos venden vendas
En la esquina lejanas de la perspectiva,
Atrás de la montaña dorada,
Lejos de las lágrimas embrutecidas.
Entre los cadáveres hay flores
Respirando con dificultad,
Cuestionándose la edad o la sombra,
Sin saber su estatura de ser.
La vista está puesta
En arcángeles vistosos,
Vestidos como antaño,
Pisando las entrañas del mundo enfermo,
Pero más allá hay un mural,
Un bello mural oscuro,
Pintado antes del primer recuerdo.
Por creer en el encierro
Moriremos encerrados,
Apaleados por el humo lejano,
Aplastados por la bufonería
De un hombre-paloma
O un ingenio beligerante.
No hay mejor lugar
Para apreciar el páramo yermo
Donde moriremos
Que la altura increíble
Que pueden alcanzar los ojos
Cuando se despojan de
Los lazos heredados.
Ni la muerte puede nublarlos.