lunes, 10 de junio de 2013

Marcha de saurópodos



La seca piedra
Que florece desnuda en la nada
Da testimonio
De la marcha estruendosa
Que azotó la tierra
Mucho antes del tropiezo
De los hombres.
Cuando el frondoso bosque
Sucumbió ante las edades,
Perpetuó entre sus venas
La senda donde marchaban
Las bestias de color imaginario,
Los gigantes gráciles,
Como nubes cargadas
De aguaceros vitales:
Cumulonimbus que ramoneaban
Entre bosques de hojas pretéritas.
Eran viajeros colosales
Que en divinas atalayas
Custodiaban sus dominios,
Sobre arbustos olvidados,
Sobre monstruosas sombras
Y paisajes desconocidos,
Cobijados del mundo
En la altura inconmensurable
De su reino,
Refugio seguro
A su sangre, a su herencia,
Refugio su inmensa
Y olvidada silueta, tan grande
Como una familia de horizontes
Marchando en ruidoso silencio.
Una sinfonía profunda
Inundaba las mañanas antiguas
Y anunciaba en los huesos
Su paso señorial.
Aquella sabana fue
Una sonrisa en la tierra,
Hoy es un gesto de dolor casi eterno.
En sus cicatrices queda huella
De aquella manada deambulando
En busca de hojas frescas,
Siendo asediada
Por cazadores terribles,
Evolucionando.
Hoy el viento amenaza sus vestigios
Con su caricia cortante
Que orada de a poco
El susurro del tiempo.
A los buscadores: busquen sin amenazas.
A los reconstructores: reconstruyan sin límites.
A los imaginadores
De aquel pasado majestuoso,
En el que nuestro tiempo
Basó su perfil,
De donde se sacó
Más de un molde
Para que hoy contemos historias
Hacia atrás:
Imaginen para hacer crecer el mundo.

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