miércoles, 26 de febrero de 2014

La multitud

La multitud es como una densa niebla y en ella suelo no existir. Al contrario de los grupos pequeños, donde fluyo y vierto mi sangre, si es necesario. Pero el espacio abierto, el mar de nombres, las cabezas como islotes llenos de guano, como archipiélago devastado. No es lo mismo destaparse los sesos al unísono en una multitud enajenada, que hacer la vida en una multitud desabrida. No es nada contra alguien en especial, sólo que la multitud estática me oprime las células y no me siento cómodo. No así entre cinco o seis, hasta ocho personas, ojalá todos igualmente locos. Ahí respiro y alineo mi columna con la corriente imperante. Nado, como si supiera. Pero en la multitud me sofoco, como si todas las narices estuvieran olfateándome, aunque yo sé, por propia vivencia, que la indiferencia es la que emana de sus ropas. Entonces me hago un islote rocoso, sin playa, sin bahía, sólo con un pequeño muelle de madera podrida que no tengo interés en cartografiar. El que llega, llega.

martes, 25 de febrero de 2014

Vine por mi cuenta

Se viene el hambre, la sequía de la sangre, la noche rasa, todo junto.

Ni los cantos infantiles o las lágrimas de humo serán capaces de evitar que el anhelo incrustado de perlas que te ha traído el agua te ahogue en la distancia.

Procura no ahogarte. Yo lo haré en silencio, intentando despejar el cielo con un paño húmedo, para que parezca que estoy limpiando o devolviéndote lo adeudado...

Debes saber: Vine por mi cuenta.