jueves, 28 de agosto de 2014

Pescado

El estertor de la jornada
Retumba en mi mente.
La fuga es una posibilidad eterna,
Desechada por el temor absurdo
A no entrar en la red de pesca.
¿Y qué hace la diferencia?
¿Acaso colgarse un título
Y pertenecer a las capas medias
De la sociedad?
¿O acaso doblar el miedo
Y guardarlo en el bolsillo derecho?
El temor es una noche
Grande y oscura,
Vestida grotescamente
Y que huele a pescado.
Por la vereda transita
Una persona parecida a mí,
Muy parecida a mí,
Pero segura de algo que no tiene importancia.
Si los peces escribieran,
Nos condenarían al sartén más dorado
Y nos condimentarían con especias
Desconocidas,
De colores que no entendemos
Y de olores de otra química,
Apta para peces.
De día: la obligación.
De noche: el lamento.
Entre los polos existen puntos
En los que uno
Puede pararse y estar
Más cerca del espacio (vacío enorme, eternidad)
Que en cualquier otro lugar.
En el cuento que te aplasta,
En el solo apasionado
De la canción que te corta los brazos,
En un brillante anzuelo,
En el vacío que provoca
La ausencia de labios
Para besar
O sorber el caldo de pescado
Que brota de la noche.
El punzón en la frente
Puede mandarlo a uno
Al suelo,
Incluso a la urgencia,
O a la botillería de la esquina.
En los ojos se muestra
Un extremo del universo.
Se ve la estructura de pez,
De cuerpo amortajado,
De célula espantada
Que por la sangre busca
El río de donde vino.
El punzón en la frente
Es capaz
De triturarlo a uno,
De dejarlo desnudo
Frente a un campo desierto,
Lleno de ruinas
Y esqueletos
Vestidos de ocasión.
La noche recién empieza
Y el camino es bastante corto
Como para pasarse la vida
Vistiéndose para el sartén.
¿No lo crees?


lunes, 18 de agosto de 2014

Mil fantasmas

Las serpientes se liberaron
Cuando cayó el primer peso
Sobre la arena negra.
La lágrima extraviada
Encontró su camino
Cuando, de tantos granos coleccionados,
Construyó un puente
Y por él cruzaron
Los mil fantasmas:
Los propios,
Los ajenos,
Los heredados,
Los seguidores incansables
Sin boca ni pies
Del palacio trizado
Y del ausente atardecer.
Nada es vidrio en el desierto,
Sólo el arte de la muerte.
Nada está vivo en el centro de la rueda,
Sólo la esencia de la esperanza.