miércoles, 17 de septiembre de 2014

Cruza el río, mójate los pies.

No tengo nada que dejarte como herencia,
Oh! Hijo.
Solo quiero que despiertes tu conciencia
Y te des cuenta que no hay nada escrito.
En algún momento el clima
Se enrarece
Y la niebla puede desorientarte.
Así pasa y seguirá pasando
Y el camino puede verse
Iluminado en algunos momentos
U oculto en la sombra por largos tramos.
Nada de eso es malo,
Sólo toma tu mente y ábrela,
Cruza el río, mójate los pies,
Sálvate del derrumbe de los tiempos,
Pero no lo entiendas como esconderte
De las bestias,
Más bien, entiende a las bestias.
Yo no soy el mejor reflejo,
Pero algo puedo recomendarte.
Por ejemplo:
Sonreír puede ser el arma
Más filosa de todas las armas
Que llegues a construirte.
Otro ejemplo puede ser: La voluntad
Es a tu persona
Lo que el océano
Es a la tierra
O las alas al cóndor
O la luz... cosas por el estilo.
¿Se entiende?
Lo que te quiero decir es simple
Y espero que cuando lo estés leyendo,
Simple lo encuentres.
Para entender hacia dónde vas,
Debes mirar a todos los lados del camino:
Norte, sur,
Pasado, presente,
La luz roja, el disco Pare,
La sangre, los planetas,
Lo plasmado en el papel
Y lo encerrado en la piel.
La sombra es un instante
Entre no saber y saber.
Si un día se te parte el alma,
El tiempo la ha de coser.
Cuida tu árbol
Y todos sus brotes.
Los más altos, los pequeños,
Los torcidos y los resecos.
No tengo otras recomendaciones (en realidad, sí),
Pero: cruza el río, mójate los pies,
Besa con locura, cántale a los vientos,
Levanta la tierra y no guardes silencio,
A menos que estés bajo la constelación correcta
Y sólo tú sabrás cuál es.