jueves, 2 de octubre de 2014

Reinas y duendes

El peso de la ciudad
Comprime mi espalda.
Desde lejos vengo,
Luego de haber bailado endemoniadamente
En la desatada fiesta de rock.
La Ale y yo estuvimos en el mar.
Éramos olas golpeando las rocas,
Una y mil veces
Y ellos, las reinas y los duendes,
Nos arrojaban fuego a los oídos
Que luego vomitábamos como canto.
Todas las cabezas de los allí presentes
Eran molinos desbocados
Generadores de tormentas.
Estoy agotado.
Mis piernas son pilares de templos en ruinas,
Mi cuello es un puente fracturado por un sismo,
Pero me siento bien.
Siento torrentes de rock en las venas.
Las reinas y los duendes
Dominaron el mundo por un día.