viernes, 30 de septiembre de 2011

Gato maldito


Hace tiempo cabías en mi mano cóncava
Y elástico danzabas el baile estúpido
Que rememoraba un tiempo anterior.

Un saludo, un maullido hastiado,
La risa espaciosa y grácil de mis hijos
Y de pronto tus huesos penetran en la maleza
Y atávicos recuerdos te alinean
Contra el imaginario construido.

Te puse entre el cielo desnudo
Y la ruina helada donde dormías,
Gato maldito.

Tu mierda desbordó la práctica
De cagar lejos de la mierda
Y desterrado del destierro
Maullaste confuso.

Felino andrajoso,
Forzado a combatir
Contra otros felinos andrajosos
Y a mirar ignorante
El paseo victorioso
De una especie semidominante.

Eso me gusta de ti,
Gato maldito.
De un gajo de nube te hiciste bestia
Y la ternura dio paso al disgusto,
El disgusto a la pena,
La pena a la admiración.

Maquinita errante,
Entre estrellas y cables
Paseas sin hambre,
Independiente de mi egoísmo
Y mi ignorancia humanamente conforme.

jueves, 29 de septiembre de 2011

La muerte de una idea

De repente mueren las ideas,
Capotan en vientos turbulentos,
Quedan olvidadas en paraderos o en oscuros bares humeantes,
Se pierden en la inmovil marea cotidiana,
Sucumben ante los vicios de los insectos.

A veces rebotan en el fondo cósmico
Y llegan a destiempo,
Cuando uno ya está viejo para andar sobre las llamas.

Recuerdo el funeral
De lo que fue un lobo orgulloso
Salido de uno de mis más fantásticos sueños.
Estaba listo para marcar territorio
Con razguños hipnóticos y orines angulosos,
Pero fue apaleado en callejones luminosos
Por la muchedumbre idiotizada
Y murió de inanición.
Con resignación lo sepulté
En la grieta severa del pavimento.

De repente mueren las ideas,
Se quiebran de miedo en fragmentos atómicos
Que pasan desapercibidos entre los pilares
De los templos vigilantes.

Yo tuve una muy buena
Que hubiese cambiado la forma de contar el tiempo,
Sin embargo, se perdió en un vaso lleno de ron barato.
La encontré agonizante entre vahos verdosos.
Intenté resucitarla, pero la lucides me impidió
Interceptar sus venas deshilachadas
Que colgaban de una nube distante.
Se alejaba junto al dolor, muy lentamente.

Seguí la huella
De lo que habría sido una enorme idea.
Guiado por la estrella funebre que coronaba su partida
Y con la mente despejada
Descendí al laberinto de mi mente
Desafiando a su propia muerte
Y para mi sorpresa, la encontré inmovil,
Como una montaña dormida,
Viva entre la espesa niebla, esperando.
La limpié un poco
Y puse ornatos en su coraza trizada.
La hice canción y la regalé a la mujer que amo.
Entonces nunca murió, solo esperaba
A que yo, antes de morir, la elevara
Sobre las tenues capas de la atmósfera.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Archaeopteryx

Me pregunto:
¿Qué habrán visto los ojos del Archaeopteryx?

Entre bosques primigenios traza su vuelo,
Quizás el primero arrancando de las fauces más oscuras de ese tiempo.
Un emplumado destello serpenteante engulle lo que habría sido la bestia dominante
Y así fue.

Los pasos se dieron y aquí estamos
Cavando tras huesos sin memoria
Esparcidos en la cristalería del desierto fracturado,
Volando ciudades y extinguiendo recuerdos.

Me pregunto:
¿Si no hubiese engullido a esa pequeña bestia?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Desierto



El sol se deshace en la lejanía
Empujado por el viento.
Es engullido ilusoriamente
Por las árida heridas pétreas
Que absorben los colores desechados por otras latitudes.
Tan lejos, tan inmensamente lejos,
En los viejos siglos dibujados sobre la cara del volcán,
Está mi mente atornillada vigilando al sol
Que marcha tranquilo sobre la línea imaginaria del día brutal,
Indiferente, cruel, ajeno y soberbio,
Tan humanamente divino.

La inmensidad surge
Dividiendo los horizontes y las perspectivas,
Escupiendo secretos, ríos de animales y piedras frustradas,
Luces enterradas para atraer a las polillas mecánicas,
Señuelos naturales para momificar al hombre,
Atándolo a la codicia, al poder imaginario,
A la perfección inexistente.

Cuántos caminos borrados,
Cuántos pueblitos borrados,
Cuántos secretos borrados,
Cuántos milenios borrados.
Cuántos ciegos para elevar un nombre de colores foráneos,
Cuántos muertos para enterrar en el lomo casi lunar
La bandera de la propiedad,
Obviando la danza inmisericorde que danzamos inconscientes,
Obviando que el tiempo no es nuestro amigo,
Obviando lo liviano que es una máquina
Frente a la sangre dormida bajo las alturas.

El calor fue esquivado de un salto
Y la maquinaria enterró su costilla en la sal.
Brotó agua donde no la había
Y el  mal consejo dio curso
A la privatización,
A la vorágine neoliberal,
Al río de monedas que se escabulle de los lugareños
Con rumbo al sur pusilánime y servil.
Huye algo que nunca estuvo allí,
Corre desaforado, como perseguido por águilas calvas
Enviadas desde las carcajadas boreales.

Un susurro antiguo me ha despertado
Para mostrarme la danza de los velos de piedra,
Lenta danza ritual, renovadora, imperceptible, inmisericorde,
Forjadora del lecho marino y de la cima borrascosa,
Lúdica asesina de asesinos,
Maternal base de las ciudades viciadas
Donde buscamos el éxito sin éxito.
Fue una mañana, pero no una mañana cualquiera,
Fue la mañana en que el Licancabur me contó un secreto,
Me contó que la perfección no existe,
Que las fronteras son alucinaciones recientes,
Que el flamenco vuela sin patria desde siempre,
Que el viento se ríe al llevarse los sombreros,
Que la muerte se asienta entre quebradas esperando,
Que la ingeniería sucumbirá ante cualquier arrebato cósmico,
Que la piedra es piedra y el hombre morirá sin ellas,
Volverán todas al subsuelo y el hombre morirá sin ellas.

El mundo hizo unos ojos pequeños
Sin pupilas ni párpado
Y los instaló en el desierto,
Miró con la cordillera de visera
Y se vio ínfimamente indefenso
Entre los riachuelos y volcanes,
Con la posibilidad única de despojarse
De la túnica negra de la humanidad
Para sumarse concientemente al océano de donde viene.
Desde la altura cayó un astro
Con el pecho abierto,
Cantando soles y galaxias.
Los ojos chorrearon conocimiento
Para que la humildad entrara en la conciencia:
Somos diminutos,
Somos dueños de nada,
Somos sal en el mar,
Somos presa fácil.
El consejo no ha sido escuchado aún.

Tanto misterio revuelve los paralelos
Que los remolinos se vuelven angulosos
Y pierden el sentido y la razón.
La luna baja de su órbita
A vestir hippies rancios, quizás así sea.
La luna atrae a su vientre
A los que tienen instinto salvaje, quizás así sea.
La luna nos muestra ínfimamente desnudos,
Pero nos vemos distorsionados
Entre el vello del asentamiento donde miramos
Creyendo en la pócima mágica,
Pero da lo mismo:
La luna inalcanzable nos llama a alcanzarla.

"Caminaré millones de años", me dije,
"Y volveré al inicio hecho un puñado de cenizas",
Pues es un decreto: cuando enloquezca
Caminaré hacia los milenios muertos,
A la emboscada de los zorros
Al dormitorio de los volcanes,
No sé hacia dónde, pero caminaré hacia el desierto
A inundarme de viento y luna
Para ser devuelto a la matriz estelar
En un último movimiento calculado.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mal día


Mal día para estar aquí,
Acorralado entre rostros fruncidos
Justo cuando más bajo vuelo.
El aire es de números rojos.
La mala onda, elástica y violenta,
Retumba en el mundo irreal.
Irreal, porque no sirve
Más que para comprarme los vacíos
Que nunca aprendí a llenar
Y entonces paseo desnudo
Frente a las cámaras de seguridad,
Inseguro.
Y entonces paseo desnudo
Ante los ojos de mi amada
Que no sabe de cóleras volcánicas
Y me pide vestirme con prendas que no suelo usar,
Que no sé usar.

Mal día para estar aquí
Oliendo la putrefacción del mundo.
Mal día para mirar al sol a los ojos.
Mal día para escribir,
Pues la manta hedionda que envuelve a todos
Me alcanza y entrecierro los ojos
Y decido rebuznar para equilibrar la situación.
Un tosco animal antiguo bloquea la luz,
Dejando afuera del marco visual
La esencia de las cosas.
Entre cuentas y garabatos se crían marejadas,
Entre silencios y dudas se crían fracturas,
Esto lo aprendí cuando fracturé mi corazón
En una violenta marejada negra.

Mal día para comprender
La distancia sideral entre los cuerpos
Y sus fuerzas monumentales que deforman
La sinuosa vía hacia la paz, trágica paz.
Los espejismos saturan la quietud
Y de las nubes ausentes aparece
La rabia guardada,
La rabia olvidada,
La rabia tan tuya,
Tan incomprensible.
¿Tenía que predecirlo?
Como si tuviera la capacidad
Innata de leer las razones,
De moldear los caminos,
De cortar las cadenas,
De olvidar los temblores.
Mal día para temblar.

Pasó un río de resoluciones bajo mis pies.
Cantó un búho humeante una tonada conocida,
Como mía.
He decidido andar desarmado por la vía,
Sin más artilugio que mi lengua desnuda.
Ni mis manos llevaré conmigo,
Las dejaré guardadas para hacer mundos nuevos.
Ni mis sueños llevaré conmigo,
Los dejaré pastando para que crezcan majestuosos.
Es un mal día, pésimo,
Pero el sol brilla igual, indiferente.

El peor día será cuando el sol se interese en nosotros
Y quiera abrazarnos.
Hoy es un mal día, pero no tanto.
Bajo mis escamas guardo hilaridad y razones reales.
En mi sangre fría se hunden las viejas penas
Y mueren.
¿Pero las nuevas?
Mejor no pregunto…

jueves, 8 de septiembre de 2011

Camino intransitable

A ras de suelo imito las hojas caídas
Con la mitad de la cara en las sombras
Y la otra en la luz vieja de las estrellas
Desaparecidas antes de los sueños

Silencioso viento
Susurro sideral
Indiferente ante mi reclamo
Y la toxicidad de mis movimientos

Has enfriado el corazón del tiempo
Y has devuelto a tus entrañas a los muertos
¿Cómo descifrar tu indiferencia
En este amargo rincón?

La sed es un mar tormentoso
Que arrastra la cansada vista
Contra las rocas más profundas del ser
Cegado de nacimiento

El miedo es el eco de todos los pasos dados
En la tortuosa marcha de la sangre y del fuego
En el camino se ha levantado
El gran paredón en el que moriremos

Arrastro la sangre hacia una lágrima helada
Para inclinarme ante la muerte eterna
Mi pecado es querer ver lo incomprensible
Y seguir sin comprender nada

Mil nombres, mil palabras
Mil hombres dando respuestas equivocadas
Amoldadas a los ojos ciegos
Como las nubes al cielo

La camino que separa la razón de la verdad
Es intransitable
Pero desde lo alto se puede admirar
Y soñar con morir andándolo