jueves, 28 de noviembre de 2013

Un flaite

Se sube a la nave un flaite vistoso
De contextura árida y espinosa
No se distingue por ser populoso
Más por su humanidad rota y dolosa

No es flaite porque viene de miserias
Lo es porque la sangre no respeta
Ni a quien se cruza en sus huellas espurias
Para salvar su propia marraqueta

En este tiempo de opacos colores
El flaite quiere emular los olores
Que los carteles del mundo desprenden

Sin comprender que un inmenso torrente
De ingenio en su pecho yace latente
Para cambiar lo que todos entienden

lunes, 25 de noviembre de 2013

En el lomo azul del ave desconocida

En algún lugar, en medio de la noche o en la nubosa caminata de árbol, bajo mil ojos o un solo ojo o sobre la alta atmósfera rancia, hedor de marcha, sudor de espejos; en algún lugar, en algún momento, entre el primer día presionando el primer espacio entre el madero y la cordura, en alguna fractura en el camino, entre besos o hemorragias, perdí de vista el cometa que saqué desde el fondo de mi memoria, aquel que con brillo verdoso guiaba mi andar frenético. En la marcha, por desfiladeros me balanceé, dormido en un hechizo de muerte vacía, imagen de los destellos frágiles que llenaban mis dramas infantiles. Creí ir acompañado. Me sentí elevado sobre las cabezas de los animales, emitiendo un sonido desconocido. Nada nuevo, sólo el primer grito de guerra de un animal que no sabe dónde hincar el diente. Y no iba solo. De pronto vi en el cerro de al otro lado toda esa energía, lejos de mi paso cansado. Era una calle llena de líquidos y groserías y entidades borrosas que nunca tocaron el suelo. Yo ahora estoy en otra parte, mirando melancólico cómo florece la hierba y el sol se oculta de mi cara. Me siento un poco quebrajado, como barro pisoteado por el sol. He dejado de bramar. Me he vuelto tierra. Me he cansado sin saber a dónde llegar y desde una triste terraza sangro por las manos. De un charco bebo y entro en un sueño pequeño, suave, tumor invisible que me camufla en la montaña. Sueño que voy en el lomo de un ave gigante, desconocida, nunca vista por el ojo humano, que entre las hojas de verdes profundidades sale despedida, con una consigna poderosa asida entre las garras, con la destreza suficiente para llamar la atención de los astros y con brillo propio, no el reflejo opaco de lo ajeno. No es necesario hablarte, pájaro nocturno. No es necesario decirte que el destino está más allá del sol escondiéndose como niño asustado. El destino está en el palpitar de la luna. En el soplido lento y misterioso de la estrella nueva, violenta, incontrolable, auténtica. En el lomo azul del ave atemporal encuentro en mi médula la pista del quiebre en la ruta. Es el miedo, la ignorancia. La palabra quebrada en el centro dormido. ¿Cómo decir Luz sin perder las manos, sin perder los ojos en un destello violento que salpique de sangre los polos distantes? Son materias elementales que se escapan de mi gravedad, que es simple como una avispa. Mi sueño es bramar, pero ni el anagrama resultante es capaz de anclarse en el suelo. Ya mucho he vertido en el llano, que algo ha de florecer algún día. En cada extremo del valle, desde la altura en que quedó mi camino, lleno de vientos que silban en las rocas, hasta la calle que se rompe en mil calles llenas de autos y llantos en idiomas maternos, hay un hilo delgado que brota de mi ombligo. Mi palabra es una puerta, mi dominio es el cosmos, mi dolor es el agua que sale de la roca. Mi conjuro me duerme y mi conjuro me despierta. Desde la altura, en el lomo azul del ave desconocida, me conozco y me enfrento. Soy la montaña cobijando a la tormenta. Soy la tormenta sucumbiendo a la montaña. En la mitad de la noche truenan derrumbes ante la presencia sutil de un hombre descalzo. Yo voy descalzo por los cerros, mirando al otro extremo del valle, perdiéndome al alba con cantos vacíos, como la antigua muerte de mi niñez. No he de temer al sol, porque estoy hecho de sol. No he de esconderme en la noche, porque en la noche tallé mi lengua y di forma a mis ángulos bajo la luna y las estrellas. El muro no está, es parte del sueño pasado, del que desperté cuando bebí del charco irreal que en mi camino apareció. No hubo testigos de aquel hecho. El charco ha estado quizás siempre, pero eso no importa. Más que la orilla de los cerros, importa el lomo azul en el que voy. Importa que me aferre como un parásito a sus plumas y que la nieve no quiebre mis dedos en las vueltas de las corrientes altas. El cometa está aunque no quepa en mi horizonte.

martes, 19 de noviembre de 2013

La hora exacta

Soñé con la derecha
Mirándose las manos,
Asumiendo su gran culpa
Por la intransitable brecha
Que atormenta al ciudadano
Descuidado.
Escuché que la lupa deforme
Se trizaba estruendosamente
Perdiendo su aumento binominal
Azotada por empinada gente,
Que cansada de los golpes
Iba furiosa a votar,
Pero fue un sueño...
Todo ese silencio
Es un tornado que algunos
No quieren aceptar.
Yo, por vez primera
Doblé un pedazo de piel
Y en la urna lo dejé caer
Con la añoranza de un país nuevo
Y cuando me iba
Cantando futuras canciones
Sentí los campanazos
Que indicaban la hora exacta
De la fractura de mi anhelo
Y recordé a un tal Jaime Guzmán,
Que fue un calamar sádico
Cuya tinta aún impregna el suelo entero.
En alguna parte del infierno
Debe reír sardónicamente,
Mientras sus súbditos
Celebran su estrepitosa derrota,
Porque saben que en su juego
Ellos tienen las de ganar.
(Miserables vencedores
En el tablero putrefacto
Que petrifica el aliento.)
Yo también lo sabía,
Pero me ilusioné.
No creí que el peso del sueño
Fuera más de lo que es.
Todo ese silencio
Es un martillo que algunos
No quieren escuchar.
Creí que era la hora exacta
En que todo se iluminaba,
Pero la hora exacta está anclada
En algún lugar del horizonte
Y nadie sabe
Qué tan pronto llegará.
Un lustro, un milenio,
Hay que traerla al hombro,
Si es necesario.
Hay que explicarles a todos
El peligro de quedarse inmóvil.
Ahora sólo espero
Que ella no corte
Los brazos
De aquel niño
Que clama un libro nuevo,
Ese que de las manos
De todos nacerá.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Tedio

Me pasa que escucho cosas y las odio,
Sin razón alguna.
Simplemente discrepo y niego la luz,
Niego las almas y las fronteras,
Niego la lluvia y la canción que no lo es,
Porque soy un árbol perdido en el bosque
Y no puedo escuchar esa canción insoportable
Que suena como una máquina pesada
Que aplasta la tierra, la uniforma,
La trivializa.
Luego acepto lo inaceptable.

Me pasa que me despojo de los años que tengo
Y me vuelvo un mono descontrolado
Y luego de pensarlo por pesados segundos
Me duermo
Y vuelvo a tragarme las esquinas del mundo.
Por eso estoy acá, vestido de piedra,
Destruyendo la realidad.
Pertenezco a otro momento,
Pero acá estoy, construyéndome
Una sonrisa con los restos
Que dejaron las estrellas que murieron por todos nosotros.
La vida se fue a otro lado.
Dejó una mala copia
Y se fondeó en el hondo cielo.
Esto no tiene nada que ver
Con la vida.
Es un relato antiguo mal contado,
Como estas letras
Que tiemblan y no lo saben.

lunes, 11 de noviembre de 2013

La protesta

La calle suena grave como un gallo
Maltratado que incomoda cierta paz.
Son rezos que ha absorbido siempre el fallo
De la fuente que baña de agua falaz.

Tanto maltrato ha formado el talante
Rebelde de apatía manifiesta,
Pero ya no queda puerta que aguante
El embate justo de la protesta.

El tiempo de ahora no es para juzgar,
Es tiempo de, por fin, poder extirpar
Tanta viruta dentro del corazón,

No del hombre que levanta pancarta,
Si no, del miserable que fomenta
La injusticia, la mierda y la desazón.