lunes, 30 de enero de 2012

El naufragio de los ignorantes (yo no sé nada)

Hay una corriente fuerte
Que, a pesar de mis braceos
Medio controlados, medio desesperados,
Me arrastra sin contemplaciones.
Me pesca con sus chirridos destellantes,
Perpetuando el desconcierto que arrastro.
Me azota contra el fondo rocoso,
Me atormenta con castigos silenciados
En estas pronunciadas laderas del mundo.
Me lleva a luchar contra dolores invisibles
Que nacen al momento de mencionarlos.

Hay una corriente estruendosa
Que debo pasar obligadamente.
Siempre hay dos opciones:
Una es dejarse llevar y ahogarse
Por el resto de la vida.
La otra es aprenderse los recovecos
Del fondo fangoso
Y anticiparse al filo de las rocas.

Pero:
Yo no sé nada
Sobre la fuerte corriente
Que me arrastró durante un pestañeo inconsciente.
Yo No sé nada
Sobre el mar oscuro
Hacia donde me lleva sonámbulo.
Un día mojé mi pie derecho
Y al otro giraba en las torrentosas aguas
Con destino a la miseria.
Yo no sé nada
Sobre la lucidez aparente
Con que navegan algunos espítirus
Sobre tan delicadas balsas
Silbando a las estrellas y a las nubes,
Contando en un idioma extranjero,
Ignorando el oleaje
O viéndolo de reojo.
Yo no sé nada
Sobre los brazos cortados
Que se acumulan en la playa sin nombre
Y que fueron mordidos por secretos esqueletos
La noche en que nadie despertó.

El mar junta sal,
Formando cordilleras submarinas,
Salares eternos en torno al dormitorio
De las espaldas laceradas,
Donde las serenas miradas mansas
Descansan a la sombra
De salares(ios) insignificantes.

¡Yo no sé nada!

Descanso temiendo.
Descanso temiendo el despertar de las olas del norte.
Descanso temiendo las turbulencias del mar amarillo.
Descanso temiendo el espejismo de las costas del viejo mundo.
Mi ignorancia es un timón podrido.
Los siglos que ha durado la tormenta
Han sumergido en arenas negras
Las manos cálidas y las palabras correctas.
Hay una corriente fuerte
Que junta a los muertos
Para que cuenten sus anécdotas
Ahogados tres veces
Por la doctrina principal.

Sólo una hebra deshilacharía la red,
Sólo la palabra precisa
Es capaz de zamarrear
Al dormido ignorante de este bote que zozobra.
El capitán oxidado abandonó la nave
La noche en que nadie despertó.
A la deriva nos quitamos la piel
Para alimentar ratas.
Yo no elegí las ratas que alimento.
A la deriva competimos contra tiburones
Armados por Dios.
Yo no creo que exista Dios.

¡Yo no sé nada!

Floto mirando al sol
Con la esperanza seca sobre mi pecho.

miércoles, 25 de enero de 2012

Oveja negra

Tan alejados, tan enormes, tan incógnitos, como siempre.
Hace rato que no miro el interior
De la cuna de donde vengo.
A esta altura del partido es quitar
Un par de vendas de mi gigantesca colección.
Me siento bien por ustedes.
Descanso en el rumor interminable que escucho de repente
Y que mi madre se encarga de regar.
Me alegro a la distancia.
Recuerdo a la distancia.
Recuerdo caras de niños moviendo los labios
Y riendo por algún lugar de alguna casa.
No recuerdo palabras, sólo gestos, sonrisas sinceras,
Viajes extensos, juegos eternos.
Ahora andan saltando de mundo en mundo
Y me alegro por ustedes.
Me alegro mucho a la distancia.
Uds. se perdieron de vista hace años
En las curvas de la vida
Y eso está bien, muy bien.

Por enormes dodecaedros andamos
Y a veces nos topamos.
Eso me gusta,
Es como encontrar a un viejo amigo
En el lugar menos esperado.
Yo estoy bien.
He pasado por ríos de lava y he sobrevivido.
Hoy camino erguido y mis pasos aplastan
La hierva en el camino.
Sé que han llegado a su meta o van en camino,
Pero a decir verdad, no tengo idea cuál es su meta.
Les pido una disculpa por no involucrarme,
Pero siento que la distancia ha bifurcado
La percepción del viento y temo
Que de encontrarse uds. de frente con un muro
Tan políticamente incorrecto como el que he construido
Pueda fracturar el recuerdo tierno
Que duerme en mí.

¡Y su ascendencia!
Sagrados seres del panteón familiar.
Los saludo a la distancia
Con sus locuras, sus aciertos,
Y me escondo celosamente entre reacciones antisociales.
Me alegro mucho por todos uds.,
Y agradezco sus parabienes para conmigo
Y para con todos los míos.
Lamento contarles que soy un pequeño demonio
Dormido en las hostiles aguas del ego.
No es gran cosa lo que les digo,
Pero llevo en el pecho un tatuaje
Que dice Indiferencia.

Los quiero mucho.
A la distancia y en silenciosa prosa abominable se los recuerdo.
Quisiera saber más de uds., pero soy demasiado antisocial.

viernes, 13 de enero de 2012

Molleras anónimas

Molleras anónimas saturan el falso mar
Tras las rocas de plástico
Y me miran.
¿Verdad?
Mentira, no están ni ahí conmigo
Ni yo con ellas.
Tararean su basura,
Pero yo me escondo tras mi basura
Diferente.
Sólo yo escudriño en infinito
Preguntándome tonteras irreparables
Que nada aportan a la producción,
Ignorando la frecuencia
Con que mueren los sueños incompletos.

En este rito diario
No quiero morir,
Quiero escapar hacia la azul
Frontera que empapa mis pensamientos.
No soy de aquí.
No soy.
No.

El paso del cometa

Algo hay afuera, lo sé.
De los pies de los edificios brotan miles de rumores ebrios.
Las piernas entre las tazas paren secretos nubosos
Y los sueltan en la calle para que lleguen donde no deben llegar,
Por sentido común, digo yo.
El rápido movimiento en la búsqueda de descanso
No evita que las preguntas se encuentren
Y se azoten
Y crezcan como un chichón en la frente.

Hay algo.
En la lectura inservible
Aparece recurrentemente
La cara reducida de una verdad enorme,
Ridiculizada entre sangre y sexo.

Algunas miradas se entrelazan
Punzando el infinito,
Sin poder mirar a los ojos a sus dioses rotos.
Algo hay afuera.
Oculto entre la bruma publicitaria,
Entre el neón decadente de la cima citadina,
Entre los destellos catódicos que ahogan
En sus piezas a los hombres que duermen de pie.

Ciudad sucia de luz blasfema,
Ciudad estrecha sin asco ni vergüenza.
En tu calor alborotado los ojos explotan.

Nadie vio nada. El cometa se fue invisible.

martes, 3 de enero de 2012

Nacimiento

Una vez el sol se acercó tanto,
Que me dejó un rayo entre los brazos.

Fue así:
Envolvió la tierra con su abrazo solar
Y en la noche, al borde opuesto del mundo,
Goteó su obra majestuosa.
Iluminó todo con un silencio
Que únicamente yo sentí
Entre la frialdad de los metales
Y las manos especializadas,
Entre los quejidos remotos
Y la bóveda lúgubre
Del hospital de San Bernardo.
Cayó en mis brazos.
Con un gesto orgulloso cruzó sus dedos,
Me miró fijamente y vi el universo entero
En su ojo gris.

Aquella noche mística Merlina nació,
Anunciándose en la tierra
A través de un indómito rayo cósmico,
Que atravesó la tierra
Para llegar a mis brazos
El día en que el sol estaba más cerca.