jueves, 13 de noviembre de 2014

Nada

no tengo nada
debo todo y sonrío al protestar
mis ojos se cierran
y en soledad murmullo hacia el cielo
la noche incipiente
mis amigos lo pasan por alto
o brindan a la distancia
cuando no tengo palabras
pero después de haber cavilado todo el día
y de haberme perdido por laberintos
escritos por Enrique Lihn
descubro que no conozco a nadie
y nadie me conoce
porque soy azul negro y gris
y busco algo que no comprendo
y que sé que está allí
en algún rincón del universo
al que le hablo más de la cuenta
como a un padre
o un mecenas increíble
por ejemplo
le pedí encontrarme con alguien
para tomar cerveza escuchándolo
porque tomar solo es mal visto
porque escribir y tomar solo
es condenable
y entonces pasó este amigo de la infancia
y lo reconocí de inmediato
pero no le dije nada
porque nunca digo cosas
pero quería encontrarme con alguien
y pasó de largo
escondido bajo el suelo gris
luego pasó esa estrella
como cayendo hacia el noroeste
y le dije que quería alcanzarla
a sabiendas de que era un satélite
creado a imagen y semejanza
de los hombres
pero lo que le dije fue nada
porque siempre digo nada
entonces me encontré sentado
en la terraza
mirando siluetas
con una cerveza en la mano
y un manojo de imbecilidades en la cabeza
listas para explotar
me gusta esta vista azul

viernes, 7 de noviembre de 2014

Lo que hay en mi cabeza

Tengo la cabeza llena de animales irreales
Atajos a desiertos y planetas sin sol
Vagan mis fantasmas por un espacio extraño
Sin prisa sin tiempo sin sentido aparente
A una altura en que nada se puede distinguir
Donde la confusión es la madre de las infecciones
Y todo se vuelve polvo sobre los muebles
Los años son monstruos furiosos
Que arrasan con el paisaje
Vuelan los pétalos aplastados
Y los transforman en hojas tamaño oficio
Con gráficos y estadísticas
Cansadas de repetir y repetir
El himno de una patria ajena
Tengo la cabeza llena de océanos
Donde mis ojos se pierden
Y sueñan con la oscuridad total
Y con la cima de una colina blanca
Coronada de orgasmos
Y con lunas que explotan
Y suenan como guitarras enfermas
Y perros que no existen
Porque nunca hubo lobos domesticados
Tengo la cabeza llena de monumentos
A las cosas que se extinguieron
Están cubiertas de musgo antiguo
Descansan bajo la fría luz de una estrella distante
Tan distante como ese puente demolido
O la iglesia que no pide perdón
Hay en mi cabeza
Péndulos de barro pulidos en la decepción
Y piel carcomida por la calle
Está decorada con pinturas rupestres
Que representan un futuro colorido
Basura para tus ojos
Tengo la cabeza llena de ermitaños
Que marchan marcialmente
Fuera de este mundo
Tengo la cabeza llena de canciones
Llena de números ciegos
Llena de asesinatos
De sonrisas sin rostro
De otoños helados
Llena de espejos sucios
De mujeres desnudas
De botellas vacías
De grietas tatuadas
Llena de poemas inservibles
Llena de huesos quebrados
Llena del mundo
Pero lejos del mundo
Que la hora haya pasado
No quiere decir nada
Tengo la cabeza llena de cosas sin valor
Que no son transables en las bolsas
Que no sirven para alimentar a nadie
Son colores fríos que espantan
Al corazón rojo de fuego
Como si fuera un paria
Un extraño en el espejo
Un extranjero sin suelo
Un exhumano
Porque lo que llena mi cabeza no cabe en el mundo
No en este mundo
Que no es mi mundo
Mientras se seca mi pecho
La luna mira con desdén
Con su cara de piedra
Fría como un espejo de hielo
Como un corazón acuchillado
Como un perro apaleado
O un cero en la palma de la mano

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Al calor de la catástrofe

Cruje la ciudad
Como una guitarra quebrada
Bajó un diablo desvestido
Salpicó de sangre la tierra
La montaña te dejó aislada
Repitiendo la misma tonada
Hasta que llegó el olvido
Y nació una roca sagrada
Ya no quedan flores
En esta ciudad en llamas
Las lágrimas no han cesado
No tarda en hundirse la tierra
Desde la profundidad
Mis huesos parecen navajas
Infestadas de ácaros grises
Hambrientos en inmóvil marcha
Ya he escuchado este estruendo
Al calor de la catástrofe
Suena parecido al sol
Al que muere y al que nace

martes, 4 de noviembre de 2014

En busca de ruido pagano

Cuando los ojos no encuentran reflejo en ningún sitio, se tiende a buscar en lo más próximo. Por desgracia, lo más próximo es la basura.  El momento oficial, el que anuncian en los altavoces y del que todos hablan, es color de sombra y la puta del momento no sabe llorar, se muere de hace tiempo, pero le quedan orgasmos que fingir y mientras sus muslos agrietados rocen las cámaras, habrá gente en sus casas mordiendo sus entrañas.

Los templos se derrumban a compás monótono y los santos al interior rezan desesperados una oración monótona. No es necesario culpar a alguien a esta altura del partido, señora, señor. Sólo hay que ser capaz de ver que, entre los templos de los santos de los nuevos ruidos contemporáneos, no hay uno solo con las paredes tan sólidas, que sea capaz de soportar el peso monumental del cuadro que retrata lo que aquí abajo está sucediendo. Nadie, sin contar a sus propios órganos vitales, con sus tumores y humores, ha sido capaz de distinguir el real rostro del ser que yace bajo los escombros.

Hay caleta de dedos que tiran las cuerdas de donde cuelgan los suicidas de siempre, un montón de bocas que escupen al aire las letras que forman el famoso ritual pagano ya tan propio, un montón de huesos que azotan las pieles secas de un montón de animales muertos en sacrificio para recrear el famoso y manoseado ritual, no precisamente nativo, pero que las condiciones ambientales han arraigado hasta las fosas más hondas y por eso los cerros quedan desnudos cuando pasa el sol y los árboles bailan y sacuden sus copas y el vacío queda sepultado y la cuna queda invisible, por allá, más allá del terreno baldío donde juegan los buitres y mueren los que no lloran.

En la fría y desolada caminata por el territorio, el hambriento de ruido pagano es capaz de reconocer la volcánica, la magnética, la tumultosa presencia del músico encumbrado, original, auténtico y visionario, que aunque agite al viento los hechizos de brujos lejanos y muertos, marca con sangre la tierra que queda. No todos son originales y visionarios, pero las estaciones van haciendo madurar las ideas y dentro de su futuro próximo, es probable que sea una nueva especie de fruta o un nuevo sol nocturno.

Se riega esta historia de cuentos y verdades inmensas, a veces censuradas, otras brillantemente vestidas, otras veces son simplonas jugarretas o chistes repetidos ya cansados de existir. Si se toman de sus manos forman un manto inquebrantable que cubre la montaña y abriga del frío de no tener identidad. Son palabras que han salido del mar o del fondo de la grieta más honda de la ciudad marrón, se han curtido en el norte y en el sur, en el antes y el después, han caminado por todas las carreteras y en las noches se dedica a asesinar su propia inocencia, para vaciar su bilis en las conciencias de un puñado de revoltosas polillas somnolientas con tímpanos de acero que revolotean creyéndose ñus en estampida o tiburones moribundos en la costa del tiempo. De ellos es el templo del ruido pagano, el que soporta la embestida de las bestias invisibles, la subterránea canción chilena y su estela de dolores y colores.

Ruge. Ametralla con violenta prosa o lo que salga de tu intestino la desilusión de los tiempos. Llora la miseria disfrazada con que alimentan el orgullo los animales de carga. Cántale a los justos de esta tierra, a los próceres no bendecidos, a los caídos cotidianos, los que cantan en la verdad y lloran por todos los muertos. Hay ramas no tocadas en el árbol, son canciones no inventadas que se tienen que inventar. Hay sueños prohibidos y versos escondidos, que son los que tienen que poblar la canción. Pule tu lengua contra el asfalto, contra la piel, contra la historia, no repitiendo destrezas ajenas, no cantándole al sol de otro cielo, no disfrazándote de muerto célebre. Cada paso es lo que da forma al nuevo rostro de la identidad, porque el anterior ha quedado moreteado, irreconocible y si hoy quieres llamarlo, no podrá escucharte, pues sus oídos fueron reventados a culatazos de fusil.

jueves, 2 de octubre de 2014

Reinas y duendes

El peso de la ciudad
Comprime mi espalda.
Desde lejos vengo,
Luego de haber bailado endemoniadamente
En la desatada fiesta de rock.
La Ale y yo estuvimos en el mar.
Éramos olas golpeando las rocas,
Una y mil veces
Y ellos, las reinas y los duendes,
Nos arrojaban fuego a los oídos
Que luego vomitábamos como canto.
Todas las cabezas de los allí presentes
Eran molinos desbocados
Generadores de tormentas.
Estoy agotado.
Mis piernas son pilares de templos en ruinas,
Mi cuello es un puente fracturado por un sismo,
Pero me siento bien.
Siento torrentes de rock en las venas.
Las reinas y los duendes
Dominaron el mundo por un día.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Cruza el río, mójate los pies.

No tengo nada que dejarte como herencia,
Oh! Hijo.
Solo quiero que despiertes tu conciencia
Y te des cuenta que no hay nada escrito.
En algún momento el clima
Se enrarece
Y la niebla puede desorientarte.
Así pasa y seguirá pasando
Y el camino puede verse
Iluminado en algunos momentos
U oculto en la sombra por largos tramos.
Nada de eso es malo,
Sólo toma tu mente y ábrela,
Cruza el río, mójate los pies,
Sálvate del derrumbe de los tiempos,
Pero no lo entiendas como esconderte
De las bestias,
Más bien, entiende a las bestias.
Yo no soy el mejor reflejo,
Pero algo puedo recomendarte.
Por ejemplo:
Sonreír puede ser el arma
Más filosa de todas las armas
Que llegues a construirte.
Otro ejemplo puede ser: La voluntad
Es a tu persona
Lo que el océano
Es a la tierra
O las alas al cóndor
O la luz... cosas por el estilo.
¿Se entiende?
Lo que te quiero decir es simple
Y espero que cuando lo estés leyendo,
Simple lo encuentres.
Para entender hacia dónde vas,
Debes mirar a todos los lados del camino:
Norte, sur,
Pasado, presente,
La luz roja, el disco Pare,
La sangre, los planetas,
Lo plasmado en el papel
Y lo encerrado en la piel.
La sombra es un instante
Entre no saber y saber.
Si un día se te parte el alma,
El tiempo la ha de coser.
Cuida tu árbol
Y todos sus brotes.
Los más altos, los pequeños,
Los torcidos y los resecos.
No tengo otras recomendaciones (en realidad, sí),
Pero: cruza el río, mójate los pies,
Besa con locura, cántale a los vientos,
Levanta la tierra y no guardes silencio,
A menos que estés bajo la constelación correcta
Y sólo tú sabrás cuál es.

jueves, 28 de agosto de 2014

Pescado

El estertor de la jornada
Retumba en mi mente.
La fuga es una posibilidad eterna,
Desechada por el temor absurdo
A no entrar en la red de pesca.
¿Y qué hace la diferencia?
¿Acaso colgarse un título
Y pertenecer a las capas medias
De la sociedad?
¿O acaso doblar el miedo
Y guardarlo en el bolsillo derecho?
El temor es una noche
Grande y oscura,
Vestida grotescamente
Y que huele a pescado.
Por la vereda transita
Una persona parecida a mí,
Muy parecida a mí,
Pero segura de algo que no tiene importancia.
Si los peces escribieran,
Nos condenarían al sartén más dorado
Y nos condimentarían con especias
Desconocidas,
De colores que no entendemos
Y de olores de otra química,
Apta para peces.
De día: la obligación.
De noche: el lamento.
Entre los polos existen puntos
En los que uno
Puede pararse y estar
Más cerca del espacio (vacío enorme, eternidad)
Que en cualquier otro lugar.
En el cuento que te aplasta,
En el solo apasionado
De la canción que te corta los brazos,
En un brillante anzuelo,
En el vacío que provoca
La ausencia de labios
Para besar
O sorber el caldo de pescado
Que brota de la noche.
El punzón en la frente
Puede mandarlo a uno
Al suelo,
Incluso a la urgencia,
O a la botillería de la esquina.
En los ojos se muestra
Un extremo del universo.
Se ve la estructura de pez,
De cuerpo amortajado,
De célula espantada
Que por la sangre busca
El río de donde vino.
El punzón en la frente
Es capaz
De triturarlo a uno,
De dejarlo desnudo
Frente a un campo desierto,
Lleno de ruinas
Y esqueletos
Vestidos de ocasión.
La noche recién empieza
Y el camino es bastante corto
Como para pasarse la vida
Vistiéndose para el sartén.
¿No lo crees?


lunes, 18 de agosto de 2014

Mil fantasmas

Las serpientes se liberaron
Cuando cayó el primer peso
Sobre la arena negra.
La lágrima extraviada
Encontró su camino
Cuando, de tantos granos coleccionados,
Construyó un puente
Y por él cruzaron
Los mil fantasmas:
Los propios,
Los ajenos,
Los heredados,
Los seguidores incansables
Sin boca ni pies
Del palacio trizado
Y del ausente atardecer.
Nada es vidrio en el desierto,
Sólo el arte de la muerte.
Nada está vivo en el centro de la rueda,
Sólo la esencia de la esperanza.

lunes, 14 de julio de 2014

Mar de oscuridad

Como islas amarillentas
Emergen grandes ciudades
Atestadas de egos fatuos
Y luces artificiales.
En un viaje entre dos islas
Por un mar de oscuridad,
Un puente estrecho se abre
Entre las olas congeladas:
La niebla todo lo empapa
Y hace de viento frío.
A la oscuridad nocturna
Le toca de mar agresivo.
La luna, como un cetáceo
Blanco y primitivo
Se asoma entre las nubes
Con su ojo mortecino,
Ignorando la iluminada
Isla cegadora
Que no tiene manto de noche
Ni astro que la custodie.
Así se le fuga la fauna
A la oscuridad del mar.
Entre olas congeladas
Se van a la luna invocar.
Gran cetáceo ceniciento
Que entre nubes serpentea,
El isleño no te sabe,
En sus luces se marea.
Por un estrecho puente
Que hay entre islas vecinas,
Una noche de neblina
Miré muy hondamente:
Los naufragios me dijeron
Que se hundieron a sí mismos
Para huir de los destellos
A la paz de los abismos,
Lejos de los espejismos
Y la plástica basura,
De los falsos dramatismos,
De la oxidada cordura.

domingo, 15 de junio de 2014

La muerte se llevó a mi abuelo en la previa del día del padre

La muerte vino
En la previa del día del padre
Y se llevó a mi abuelo,
Que dormía despierto, cansado de esperarla.
Ignoró la muerte
Que mi madre había cumplido años recién,
O quizás se aguantó de llevárselo
Para que alcanzara a acompañarla en silencio
Y alcanzara también
A despedirse en sueños de mi tío
Antes de apagarlo por completo.
Ha sido un círculo cerrándose,
Me dijo mi padre,
Que vino con su palabra brillante
A aplacar el viento caótico
Que arrastra consigo la muerte.
Mi padre ha enfrentado la muerte
Con los ojos cerrados,
Cada vez que se llevó a sus padres.
Mi madre vio llegar a la muerte
Para llevarse a su padre,
Mi abuelo,
De quijotesco perfil,
Hombre secreto, tradicional y sabio,
Del sur remoto,
Frío y terremoteado,
Con su bigote estricto
Ocultando su sonrisa gentil,
Que hace tiempo yacía vencido
Sin su estampa de Hombre sabio,
Que será la que preservaré en mi memoria,
Hasta que la muerte ose quitármela.
Yo nunca había visto a la muerte,
Pero sabía que vendría.
Traté de endurecerme,
Como un amigo mío lo hace,
Pero la imagen de la muerte
Entró trizando mi pecho
Y salió despedida por mis ojos,
Como una espina salada,
Dejándome desvelado.
La muerte apagó lentamente a mi abuelo,
Que fue un árbol lleno de hojas escritas.
La enfermedad se las arrebató una a una,
Hasta dejarlo desnudo e indefenso.
Fue como echar una enciclopedia al agua.
Crueldad...
Hoy vi a toda mi familia compungida
Y no supe que hacer,
Porque la muerte, en su estela,
Me había pegado un combo en el hocico,
Pero entre la congoja,
Mis primos se alzaron y supieron que hacer.
Vi destellos de mi abuelo
En cada uno de sus nietos.
Fueron los paseos, los libros,
Las historias, los retos, los consejos,
La sonrisa o simplemente la sangre.
Es que somos de la misma piedra.
Sin mi abuelo, el mundo habría sido
Infinitamente más pequeño,
No hay duda de eso.
Te lo agradezco infinitamente, Tata Germán.

martes, 10 de junio de 2014

El dilema de las componentes

El dilema de las componentes
Se atora en mi cuello
Como un enredado hilo de plástico
Me ata los ojos y las nubes
Me duerme el hambre y el sueño
Ya no estoy en tu regazo
Te vas a un bar a besar el vaso
Que gustoso recibe tu sana enfermedad
Yo hurgo por rayos solares
En algún programa de computador
Erosionando horas
Convirtiéndolas en balbuceos
Lentos
Parsimoniosos
Como rostros desconocidos
Como frutas estelares

lunes, 7 de abril de 2014

Río sagrado

Los pasos se hunden en la espesura
Y escucho el río sagrado
El agua sanadora está en alguna parte
Y perdido entre animales
Caigo en el pánico salvaje
Río
Torrente furioso
Fría navaja que lonja tras lonja
Desnuda mis huesos
Un arpa en la mano
O una lira fantasma
Un rato de vuelo sin destino
Luz en la pena honda
Continuo flujo de sangre
Sin templos ni catedrales
En un telar invencible
Dejo mis armas durmiendo
A la espera del momento preciso
En que hunda mis manos
En el agua misteriosa
Que fluye en algún lugar
Entre el destino y la muerte

martes, 18 de marzo de 2014

Akinesia

Akinesia es un constante martilleo contra el tiempo. Es la voz que canta desde una grieta oscura para no morir en la tediosa batalla diaria o para suavizar su efecto negro en la sangre. Es un canto de agua para no secarse cuál insecto en la planicie desértica, que vestida de futuro, oxida los amaneceres, desplazándolos del sitial vital que antaño tuvieran. Es canto contra callar y olvidar lo que es, su nicho en la ciudad. Como un destello de lucidez entre la maraña de cables y los cristales trizados que se imponen ante los ojos, de los que hieren los pies al caminar, sacude los enmohecidos sueños de sus estantes pétreos y de la mano del viento va, por la ruta de la luna humeante. Le hace oídos sordos a la gravedad de la ciudad que le muerde los pies y la patea sin miedo, le grita a la cara y le muerde sus pezones grises, sufriendo su sed. De los bares áridos que esconde la noche es y en completa incomprensión abre sus venas, en silencio, en profundo silencio inmóvil, a la espera de que el viento que baja de Los Andes le indique donde debe estar: en el ritual urbano del caos, en la boca del que masca fuego.

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miércoles, 26 de febrero de 2014

La multitud

La multitud es como una densa niebla y en ella suelo no existir. Al contrario de los grupos pequeños, donde fluyo y vierto mi sangre, si es necesario. Pero el espacio abierto, el mar de nombres, las cabezas como islotes llenos de guano, como archipiélago devastado. No es lo mismo destaparse los sesos al unísono en una multitud enajenada, que hacer la vida en una multitud desabrida. No es nada contra alguien en especial, sólo que la multitud estática me oprime las células y no me siento cómodo. No así entre cinco o seis, hasta ocho personas, ojalá todos igualmente locos. Ahí respiro y alineo mi columna con la corriente imperante. Nado, como si supiera. Pero en la multitud me sofoco, como si todas las narices estuvieran olfateándome, aunque yo sé, por propia vivencia, que la indiferencia es la que emana de sus ropas. Entonces me hago un islote rocoso, sin playa, sin bahía, sólo con un pequeño muelle de madera podrida que no tengo interés en cartografiar. El que llega, llega.

martes, 25 de febrero de 2014

Vine por mi cuenta

Se viene el hambre, la sequía de la sangre, la noche rasa, todo junto.

Ni los cantos infantiles o las lágrimas de humo serán capaces de evitar que el anhelo incrustado de perlas que te ha traído el agua te ahogue en la distancia.

Procura no ahogarte. Yo lo haré en silencio, intentando despejar el cielo con un paño húmedo, para que parezca que estoy limpiando o devolviéndote lo adeudado...

Debes saber: Vine por mi cuenta.

domingo, 12 de enero de 2014

Parto

Traigo una veta durmiente
A punto de espabilar
Se mueve telúricamente
Se incrusta en mi caminar
En un lenguaje enredado
Algo me quiere anunciar
Algo como una guitarra
Que no para de sonar
Tengo un buen presentimiento
El aire puede cambiar
Del de una aletargada tarde
Al de un amanecer brutal
¿Qué pasa que aún no sale?
Se siente su fuerte paso
¿Y si se pasa de largo
O si lo ahuyentan los balazos?
Un viejo ser viene al mundo
Y en todos lados quiere estar
En una mesa refulgente
En la brisa sideral
Algo pasa que no nace
Quizás le teme a la realidad
O está amarrado a alguna parte
Y no se sabe liberar
La noche viene llegando
Y la piel se empieza a secar
El parto que estoy presagiando
Quizás se esté dando ya
No he visto a los reyes magos
Bajarse de su animal
No he visto a ningún partero
Para hacerlo respirar
Quizás ya pasó en silencio
Y nadie lo oyó sollozar
Traigo una veta durmiente
Que sólo yo he de cuidar

jueves, 2 de enero de 2014

Aquel hombre quería quemarlo todo

Aquel hombre quería quemarlo todo.
Era yo, que me había ausentado.
Me vi las manos y se habían ido.
Vi mis párpados
Sacados de una excavación arqueológica
Y no los reconocí.
Era yo, buscándome sin interés.
Cuando encontré mis ojos
En mi mirada busqué cordura
Y me sentí muy mal.

Crisis

Dos fuerzas opuestas
Chocan
Violenta y repetidamente,
Como placas tectónicas
Asesinándose.

Desde un frío extremo del mundo
Baja rugiendo
La necesidad moderna
De subir sin respirar.
Baja como una avalancha
De estatuas de barro,
Como una montaña suicida
Que revuelve en su derrumbe constante
La paz heredada de los astros,
Hasta dejarla terriblemente irreconocible.
Me arrastra y me presiona con fuerza
Y me hace cavar la tierra olvidada
En busca de péndulos metálicos
Que oscilen al ritmo cardiaco
Que se aprende en la caída,
Sin saber leer, ni dormir,
Antes de ver siquiera un amanecer,
Antes de sentir siquiera el sabor de la locura.
Ese es el ritmo omnipresente
De una fuerza poderosa
Que abarca todo el cielo
Y empuja los días
Y los años
Hasta el borde del precipicio
Y yo, viejo de tropiezos, la evito
Y me despellejo los omóplatos
Aguantándola
Lacerándome.
Cuando me duermo me arrastra
Y me adormece la lengua.
La congela,
La embrutece.
Me vuelvo de piedra
Bajo su pernicioso influjo.

Desde el otro extremo,
Con la noche de armadura
Y agua pura en las pupilas,
Sube cantando
Desde el corazón inconcebible
Del universo
La necesidad creadora
Que descansa en todas las cosas,
Desde un ojo
Hasta el instante en que se abre.
Sube lentamente,
Casi imperceptible,
Como una canción de cuna
Misteriosa
Que arrulla al sol y a las bestias
Y a la gente y sus penas.
Todo baila
Y nadie es capaz de escucharla
Y yo, desnudo entre la arena,
La oigo llamarme con vehemencia,
Despacio, a lo lejos,
En el arrebol desangrado.
Sólo los años me hacen ver
Su efecto en mi frente,
Donde deja recuerdos escondidos,
Sacados de dorsales oscuras
Y de bosques impenetrables.
Son recuerdos que viajan
Al ritmo de Saturno.
Riegan la tierra
Y la nutren
Y la desnudan
Y la fecundan
Y la aman
Y la sufren
Y la cuidan
Como neonato divino
Tenedor de la antorcha
Que disuelve la oscuridad.

En mi pecho chocan
Y sacan chispa.
Un día soy hijo terrible
De la fuerza que presiona la tierra
Y sus recursos.
Un segundo soy viento
Y deshago mis malos pasos.
Luchan en mi pecho
Y me desangro
En su contienda.
Ha llegado la hora
De la batalla definitiva.
La una me aplasta,
La otra me revive.
La una me alimenta,
La otra me ensueña.
Siento tronar sus puños
En mis recuerdos.
Siento su desgaste
En mis brazos
Y en mi lengua.
Es que ¿Será el dolor
Del parto que me trae al mundo?
¿Será la hora de nacer
De una vez por todas?

Hay dos fuerzas opuestas
Que se aniquilan lentamente
En mi cabeza.