domingo, 12 de enero de 2014

Parto

Traigo una veta durmiente
A punto de espabilar
Se mueve telúricamente
Se incrusta en mi caminar
En un lenguaje enredado
Algo me quiere anunciar
Algo como una guitarra
Que no para de sonar
Tengo un buen presentimiento
El aire puede cambiar
Del de una aletargada tarde
Al de un amanecer brutal
¿Qué pasa que aún no sale?
Se siente su fuerte paso
¿Y si se pasa de largo
O si lo ahuyentan los balazos?
Un viejo ser viene al mundo
Y en todos lados quiere estar
En una mesa refulgente
En la brisa sideral
Algo pasa que no nace
Quizás le teme a la realidad
O está amarrado a alguna parte
Y no se sabe liberar
La noche viene llegando
Y la piel se empieza a secar
El parto que estoy presagiando
Quizás se esté dando ya
No he visto a los reyes magos
Bajarse de su animal
No he visto a ningún partero
Para hacerlo respirar
Quizás ya pasó en silencio
Y nadie lo oyó sollozar
Traigo una veta durmiente
Que sólo yo he de cuidar

jueves, 2 de enero de 2014

Aquel hombre quería quemarlo todo

Aquel hombre quería quemarlo todo.
Era yo, que me había ausentado.
Me vi las manos y se habían ido.
Vi mis párpados
Sacados de una excavación arqueológica
Y no los reconocí.
Era yo, buscándome sin interés.
Cuando encontré mis ojos
En mi mirada busqué cordura
Y me sentí muy mal.

Crisis

Dos fuerzas opuestas
Chocan
Violenta y repetidamente,
Como placas tectónicas
Asesinándose.

Desde un frío extremo del mundo
Baja rugiendo
La necesidad moderna
De subir sin respirar.
Baja como una avalancha
De estatuas de barro,
Como una montaña suicida
Que revuelve en su derrumbe constante
La paz heredada de los astros,
Hasta dejarla terriblemente irreconocible.
Me arrastra y me presiona con fuerza
Y me hace cavar la tierra olvidada
En busca de péndulos metálicos
Que oscilen al ritmo cardiaco
Que se aprende en la caída,
Sin saber leer, ni dormir,
Antes de ver siquiera un amanecer,
Antes de sentir siquiera el sabor de la locura.
Ese es el ritmo omnipresente
De una fuerza poderosa
Que abarca todo el cielo
Y empuja los días
Y los años
Hasta el borde del precipicio
Y yo, viejo de tropiezos, la evito
Y me despellejo los omóplatos
Aguantándola
Lacerándome.
Cuando me duermo me arrastra
Y me adormece la lengua.
La congela,
La embrutece.
Me vuelvo de piedra
Bajo su pernicioso influjo.

Desde el otro extremo,
Con la noche de armadura
Y agua pura en las pupilas,
Sube cantando
Desde el corazón inconcebible
Del universo
La necesidad creadora
Que descansa en todas las cosas,
Desde un ojo
Hasta el instante en que se abre.
Sube lentamente,
Casi imperceptible,
Como una canción de cuna
Misteriosa
Que arrulla al sol y a las bestias
Y a la gente y sus penas.
Todo baila
Y nadie es capaz de escucharla
Y yo, desnudo entre la arena,
La oigo llamarme con vehemencia,
Despacio, a lo lejos,
En el arrebol desangrado.
Sólo los años me hacen ver
Su efecto en mi frente,
Donde deja recuerdos escondidos,
Sacados de dorsales oscuras
Y de bosques impenetrables.
Son recuerdos que viajan
Al ritmo de Saturno.
Riegan la tierra
Y la nutren
Y la desnudan
Y la fecundan
Y la aman
Y la sufren
Y la cuidan
Como neonato divino
Tenedor de la antorcha
Que disuelve la oscuridad.

En mi pecho chocan
Y sacan chispa.
Un día soy hijo terrible
De la fuerza que presiona la tierra
Y sus recursos.
Un segundo soy viento
Y deshago mis malos pasos.
Luchan en mi pecho
Y me desangro
En su contienda.
Ha llegado la hora
De la batalla definitiva.
La una me aplasta,
La otra me revive.
La una me alimenta,
La otra me ensueña.
Siento tronar sus puños
En mis recuerdos.
Siento su desgaste
En mis brazos
Y en mi lengua.
Es que ¿Será el dolor
Del parto que me trae al mundo?
¿Será la hora de nacer
De una vez por todas?

Hay dos fuerzas opuestas
Que se aniquilan lentamente
En mi cabeza.